De medios y otros demonios

El periodismo extraviado

Segunda parte

Aunado a la carencia de preparación y falta de actitud de los reporteros que llegan a las redacciones sintiéndose grandes periodistas sin haber generado una sola "nota de ocho" en su haber, comentado en la entrega anterior, se suman problemas intrínsecos del periodismo que lo confrontan su papel social.

El sistema de producción tenía sus filtros que le garantizaban a los medios la calidad en los textos y mensajes que recibían los lectores y las audiencias. Correctores de estilo y ortográficos, editores, revisores y personal de apoyo que verificaba que el material tuviera un mínimo de calidad para garantizar un buen producto y que hoy ha sido eliminado, principalmente, por cuestiones económicas.

Las empresas, que en su momento se sintieron amenazadas por el vertiginoso crecimiento de internet, apostaron por el ahorro y la contención del gasto en lugar de invertirle a la calidad del producto para hacerlo más competitivo. Como resultado muchos medios impresos tuvieron que cerrar porque la gente ya no los leía al no ofrecer información de interés.

En informativos de medios electrónicos la apuesta fue al entretenimiento mezclado con información, el resultado: una mezcla bizarra en la que payasos y comediantes se convirtieron, aparentemente sin consciencia de ello, en líderes de opinión de una sociedad más crédula de esos puntos de vista y mas desconfiada de la información periodística.

Por si fuera poco, la mercadotecnia jugó sus cartas y se inventó un término para legitimar un modo que en el periodismo siempre fue repudiado, llegó la era de la "publicidad nativa" y con ella se llenaron páginas y páginas que simulaban ser información reporteada pero que en realidad se trataba de publicidad disfrazada.

El periodismo se venció ante el poder económico y bajo el argumento de mantener a flote las empresas se aceptó, validó y volvió común el engaño a los lectores y audiencias a quienes se les ofrecía información pero se les vendía publicidad. Como resultado llegó el descrédito social y la desconfianza abierta de la sociedad hacia sus medios.

El periodismo abandonó el trayecto. Se perdió no por las agresiones de la delincuencia ni como resultado de presiones políticas sino por la falta de preparación profesional de quienes hoy intentan hacerlo, por la cobardía de las empresas que optaron por el negocio antes que por la responsabilidad social, pero sobre todo, por el silencio de quienes, sabiendo que todo ello estaba mal, callaron para dejar hacer y dejar pasar, por la parálisis ante la necesidad de acción para recomponer un camino que cada día, en cada página, en cada noticiario se percibe más extraviado.