De medios y otros demonios

El periodismo extraviado

Primera parte

La autocrítica es una de las prácticas más escasas en los medios de comunicación (ya sean de masas o sociales), cualquier intento por realizarla es inmediatamente interpretado como un ataque o agresión de quien critica a quien se observa en cada una de las palabras que notan las carencias y faltas de ética o calidad.

El periodismo, imbuido en la dinámica de la evolución acelerada de la tecnología, se encuentra en la disyuntiva de ser negocio o mantener su papel de informador de la sociedad por encima de los intereses políticos y económicos que la dominan. Ese es el conflicto que desarrolla "La increíble vida de Walter Mitty", en la que se observa una parte de ese choque entre la tecnología y la calidad informativa.

Después de verla, es imposible evadirse de la reflexión sobre el periodismo que se hace en la actualidad contra el periodismo de la vieja escuela, el periodismo de los egresados de las universidades enfrentado al periodismo de quienes se formaron en la experiencia con los hechos.

Los reporteros de la vieja guardia, ajenos a las ventajas de las nuevas tecnologías, solían ser más conocedores del idioma y el lenguaje (ante la carencia de un autocorrector); obligados a conocer de memoria las caras y costumbres de los funcionarios, de los políticos y en general de quienes influyen en el actuar social.

Sabedores del impacto que la información tienen en la gente, privilegiaban la información, incluso a sus vidas personales; entendían la importancia de estar en el lugar de los hechos y se volvían incomodos inconformistas que cuestionaban todo y a todos con el último fin de presentar información confirmada y verificada.

En contraparte, hoy tenemos redacciones en las que los reporteros sienten que pueden cubrir un hecho sentados frente a sus computadoras y pegados al teléfono celular, dependientes de la información que una fuente oficial pueda proveerle o atentos a los últimos reportes de las cuentas de Twitter vinculadas a sus temas.

Estos reporteros están más interesados en las actividades de fin de semana, las películas de moda en las carteleras y en que se les vea en las fotografías o videos entrevistando a "X" o "Y " funcionarios para subirlo, eso sí inmediatamente, a su cuenta de Facebook.

Aunado a sus deficiencias formativas (escondidas tras un papel que dice que son licenciados-en-lo-que-sea) escriben con faltas de ortografía, leen sin entender, ni el texto ni el subtexto; carentes de memoria, cínicos y flojos, crédulos de que son los paladines de la verdad ante cualquiera que ose cuestionarlos pero sumisos ante los funcionarios o sus jefes de prensa".