De medios y otros demonios

Palabras que matan

"Me dicen el matador nací en Barranca, si hablamos de matar: mis palabras matan". Así comienza una icónica canción de Los Fabulosos Cadillacs que, tras la sentencia del tribunal de Massachusetts, adquiere una nueva dimensión al considerar que motivar a otro al suicidio pueda ser considerado homicidio imprudencial.

En el verano de 2014, un chico con severos problemas familiares y depresión le comentó a su novia, Michelle Carter, sus intenciones para cometer suicidio, en la última y ya con el auto lleno de monóxido de carbono del escape, él le preguntó si era correcto lo que estaba haciendo, ella respondió: "Vuelve a meterte. Hazlo y punto", así él se quitó la vida.

Horas antes de que el muchacho decidiera actuar así, su novia le increpó por querer retrasarlo: "Así que supongo que no lo vas a hacer, todo eso para nada... Estoy tan confundida, estabas listo y decidido"; además de los mensajes, la chica no alertó a las autoridades o a los familiares de su novio sobre lo que estaba ocurriendo.

Según los reportes este intercambio fue solo el colofón de una larga serie de mensajes en los que ella incitaba a su novio a cometer suicidio: "estarás mejor en el cielo, no más dolor" o "es normal que tengas miedo, estás a punto de morir".

El caso establece un precedente muy importante para otros procedimientos penales: "las palabras de una persona pueden causar la muerte de otra". A riesgo de que algún especialista en derecho me pueda corregir, tengo la impresión de que, incluso, al ser un tema de derechos humanos, puede sentar precedente en cualquier país.

Siempre, cada semestre, nuevos o no, recalco en mis estudiantes la importancia que tiene entender el poder que alcanza la palabra y la responsabilidad que implica el que, como comunicadores, periodistas, comunicólogos, estrategas de comunicación, dircoms o cualquier otra función relacionada con nuestra disciplina, aprendamos a usarla.

En comunicación sabemos de hace tiempo que una palabra no solo puede ser asesina, puede causar la muerte en vida, puede generar que una persona se sienta fulminada por mucho tiempo o puede ayudar a que su ánimo no decaiga jamás para lo que sea que se deba enfrentar.

Que esto haya alcanzado un nivel legal, eleva la responsabilidad de quienes ejercemos la profesión porque ahora no solo estaremos tratando con el tema ético de una comunicación honesta y por el bien de la sociedad, ahora también con responsabilidad legal por malas prácticas. Se viene muchos debates al respecto sobre el nuevo significado que adquiere un: "si hablamos de matar: mis palabras matan".