De medios y otros demonios

La ley del ocio

La ley de telecomunicaciones es el tema obligado de la semana porque el proceso para su aprobación en el Senado y ahora su discusión en la Cámara de Diputados con el mismo fin, ha dejado más dudas que certidumbres en la ciudadanía.

Los debates públicos al respecto en los medios de comunicación, han estado influidos por el interés (individual y de grupo) de quienes controlan estos espacios, ya sea como empresarios o siendo comentaristas de las noticias al respecto.

Aunado a ello, la discusión sobre los alcances y limitaciones de la ley se ha visto, por llamarlo de algún modo, "contaminada" por los intereses políticos y económicos de los partidos y sus grupos haciendo más grande la confusión respecto a sus bondades y perjuicios.

Es cierto que el dictamen aprobado por el Senado y en revisión por los diputados tiene sus bemoles que advierten riesgos en la interpretación de la ley al momento de su aplicación y que, incluso, amenazan con la posibilidad de que sus disposiciones terminen en la Suprema Corte de Justicia de la Nación para su aclaración.

Los escándalos vinculados a las propuestas de negocio posibles después de la aprobación de la ley, advirtieron sobre los modos. Si esa fue la punta del iceberg de las negociaciones, por debajo del océano de intereses, los niveles de propuesta rebasan lo insospechado.

Por fin, alguien entendió que el debate debía ser llevado al terreno de los intereses ciudadanos y comenzó a difundirse el beneficio que se tendrá de ya no pagar las llamadas de larga distancia nacional y considerarlas como locales.

Además se comprende la mejora de otros servicios como la portabilidad pero el sólo en el terreno de la telefonía, resta una visión más clara de las ventajas para las audiencias de radio y televisión e, incluso, para quienes contratan servicios de programación televisiva de paga.

Como toda ley, el dictamen aprobado aún es perfectible y requerirá mejoras una vez que se haya aplicado en la práctica, razón por la cual es necesario mantener la vigilancia constante una vez que los diputados hayan determinado su publicación.

Aunque los actores principales (gobierno y empresas de medios) no hayan podido o querido comunicarlo correctamente, la ley de telecomunicaciones regulará un espacio muy importante para el mexicano moderno: el tiempo de ocio.

Resta esperar la puesta en marcha de este modelo legislativo y estar atentos para hacer las adecuaciones necesarias en aras de mejores servicios a costos más accesibles para la población en general que vuelvan a poner a México en los primeros lugares del sector.

Por cierto: ¿supieron del descenso de nuestro país en el tema del desarrollo digital respecto a otros? ¿No? Bueno, lo platicamos la próxima semana. Ah, y no era penal.