De medios y otros demonios

La insoportable levedad de “ler”

A partir de ahora, cada que alguien me pregunte en cualquier lugar "¿Qué es lo que hace un comunicador?" responderé: "¿Supiste lo del secretario de Educación, que dijo 'ler' y que una niña de primaria lo corrigió: 'no se dice ler, se dice leer'? Un comunicador (uno bueno) hace que eso no ocurra".

No imagino un comunicador, un responsable de comunicación social de la Secretaría de Educación, que nunca hubiera escuchado al titular decir "ler" en lugar de "leer" y no se haya acercado, no solo a corregirle, sino a realizar algunos ejercicios de dicción para, bueno, evitar lo que pasó.

El área de comunicación social es una de las más descuidadas cuando se trata de la conformación de un equipo de trabajo en las administración públicas y privadas; no es para menos, los comunicadores llegan a las oficinas por encargo, herencia o recomendación y ninguna universidad forma a sus alumnos para enfrentar lo que en ellas se necesita.

Son muy pocos los que se han desarrollado en una trayectoria propia de la comunicación social. La mayoría llega de algún lugar en los medios, donde su experiencia, normalmente cercana al periodismo, les proveía de las herramientas mínimas para el trato con periodistas y reporteros otrora compañeros de trabajo.

La mayoría de los comunicadores sociales se forjaban, al igual que los reporteros, en la fragua de la actividad cotidiana y de su capacidad para relacionarse con quienes toman las decisiones en los medios. Si se ganan la confianza del funcionario, seguirán con él a cualquier lugar que vaya, si no, dependerán de ser heredados, encargados o recomendados con otro.

En ese mundo, entonces, bastaba con la amistad, con ser amable con reporteros y periodistas, con los medios, directores y sus dueños para poder llevar a buen término una administración o figura pública; tener el control era necesario y bastaba para hacer bien el trabajo. Evidentemente eso se ha vuelto insuficiente.

La cada vez más alta competencia política, el escrutinio público así como la llegada y crecimiento de las redes sociales hacen que un comunicador social no solo necesite buenas relaciones con los medios sino que, además, sea estratega para poder tomar decisiones e, incluso, advertir problemas y situaciones como la de Nuño y Andrea.

Sí, un comunicador social, uno bueno, evita que esas cosas pasen, es meticuloso de su trabajo, prevé y soluciona antes de que todo le estalle en la cara pero, sobre todo, se compromete con su funcionario como si fuera él mismo porque, en cierta forma, así es: si falla uno, fallan los dos.