De medios y otros demonios

El “hueso” que sigue

Mientras el mundo evoluciona en sus modelos de comunicación, en México nos estancamos en los años 80 para los medios masivos y como por ahí del año 2000 en las estrategias político-electorales.

El agotamiento de los modelos es evidente, la gente ya no responde a las propuestas que se le hacen y, por consecuencia, eso implica que no se cumple el objetivo mínimo indispensable de la comunicación, a lo más, se cubre el requisito de la difusión informativa.

En televisión y radio el tiempo nunca avanzó. La oferta es la misma, no ha cambiado en absoluto, las historias refriteadas de toda la vida con una ligera adaptación para incluir elementos de actualidad y cambiar algunos actores pero nada más.

En radio las cosas no son muy diferentes, el esquema comercial se anquilosó en los mismos programas. Por ahorrar costos se asesinaron las producciones con narrativa (radiocuentos y radionovelas) y se limitaron a llenar las barras programáticas con una de dos opciones: carrusel de presentadores y canciones, o noticieros.

Ni qué decir de la tecnología. En México seguimos batallando para ver si algún día la Televisión Digital Terrestre (que extrañamente no fue incluida en la Estrategia Digital Nacional) se vuelve realidad; evidentemente ni soñar en la digitalización de la radio para liberar la frecuencia de FM y ampliar la oferta.

En lo que respecta a las estrategias político-electorales no hay mejor muestra que el desinterés generalizado por los comicios venideros. Casi a la mitad del proceso de diputados locales y federales, y a unos días de que comiencen los de presidentes municipales, la respuesta de la gente es simple y generalizada: al ciudadano le vale rábano la elección.

Lo quieran reconocer los organismos políticos o no, la población sufre de una gran decepción en general, siguen ahí y al pendiente los que se ven directamente involucrados o relacionados con esos temas: algunos proveedores, los medios de comunicación (solo los de la fuente) y cercanos a los partidos para ganar adeptos.

El grueso de la población está más ocupada en su economía familiar, en su seguridad personal, vive con temor de ser robada, asaltada, engañada, secuestrada o asesinada en esta ola de violencia que crece cada día pero que ninguna autoridad en competencia es capaz de ver (o no quieren reconocer, por conveniencia, obvio).

En fin que la falta de aplicación de los nuevos modelos de comunicación se suma a la larga lista de factores que nos generan una percepción negativa de la realidad —aunque muy cercana a los hechos— y abona a la desazón en la que la ciudadanía se encuentra, mientras a la clase política solo parece importarle una cosa: el "hueso" que sigue y lo demás... bueno, lo demás es lo de menos.