De medios y otros demonios

Cuando el gobierno cede a las redes

En Quintana Roo, Tajamar y Punta Nizuc; en el Estado de México y la Ciudad de México, las fotomultas; son cimientes de reacciones ciudadanas organizadas y gestadas en las redes sociales en contra de los abusos de administraciones que muestran no interesarse en gobernar para la gente sino para sus intereses.

La destrucción del manglar de Tajamar y la amenaza que pesa sobre el acuario existente en el arrecife de Punta Nizuc, ha despertado el interés internacional sobre lo que el gobierno federal está haciendo con las reservas naturales del país y el papel de los grandes consorcios multinacionales en la devastación.

Tajamar salió a la luz de los medios masivos luego de que la denuncia de los cancunenses se hiciera viral en las redes sociales, dos días después de que la gente compartiera y expresara su indignación a través de Facebook y Twitter.

Fue entonces que se puso en tela de juicio el papel de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) que encabeza Rafael Pacchiano Alamán, esposo de Alejandra Lagunas Soto Ruiz, responsable de la estancada Estrategia Digital Nacional.

El segundo caso en cuestión es el de las fotomultas en la, ahora, Ciudad de México y un programa similar en territorio mexiquense; una vez que los programas comenzaron a arrojar los primeros resultados, la gente utilizó las redes sociales para denunciar errores y rarezas en ambas entidades.

En el Estado de México, el principal problema fueron fallas en los registros de velocidad máxima; así aparecieron multas para personas que viajaban a 90 kilómetros por hora en rutas donde la velocidad máxima era 90 kilómetros por hora.

El tema realmente grave es que las fotomultas no tienen ningún mecanismo de seguridad que garanticen su eficiencia y es que cuando la gente acudió a quejarse del hecho, descubrió que los documentos son alterables fácilmente por computadora.

Las denuncias de este hecho circularon rápidamente en las redes sociales en donde los afectados comenzaron a advertir de otras irregularidades como que las fotomultas registraban horarios y fechas en los que los ciudadanos se encontraban en otro lugar en ese momento.

En el caso de Cancún aún resta ver dónde desemboca todo pero sin duda alguna la exigencia de respuestas a Semarnat va en aumento, mientras en el caso de las fotomultas el gobierno tuvo que admitir la falla y dar marcha atrás a algunas de las sanciones.

Este puede ser el precedente del alcance que logran las redes sociales organizadas donde los ciudadanos de tres de ellas exigen a las autoridades el cumplimiento de su deber con honestidad y transparencia. Un pequeño paso para las redes sociales pero un gran paso para la sociedad.