De medios y otros demonios

Los excesos del mirreynato

Ricardo Raphael acuñó un término que define de forma clara y sencilla el esquema de gobierno que vivimos en México: hijos de políticos y empresarios que, sin mayor merecimiento, son "acomodados" por sus padres en altos puestos de las distintas administraciones.

La propuesta del académico del CIDE describió, quizás no tan sin querer, el esquema de selección de candidatos para la venidera elección de 2015 en donde, si bien se dejaron algunos sitios para quienes han trabajado en sus respectivos partidos, muchos lugares se asignaron para estos personajes: los mirreyes.

Independientemente de su simpatía o animadversión, este grupo ha significado problemas reales para la administración pública. Sus excesos, sumados al cinismo con el que se desenvuelven los convierten en verdaderos dolores de cabeza.

El caso más reciente: David Korenfeld y el viaje hecho desde su casa al aeropuerto en un helicóptero gubernamental para salir de vacaciones a un exclusivo sitio en Colorado.

El funcionario expresó en Twitter que tenía un malestar en la rodilla y cadera por lo que habría utilizado la aeronave para trasladarse a recibir atención médica; como si usarla para estos fines, también personales, fuera menos grave.

Para terminar de complicar las cosas en su defensa; lo que es claro ejemplo de una pésima gestión de crisis, el funcionario dejó salir al mirrey que lleva dentro y publicó, ahora, que reembolsaría el costo del traslado, aunque a la fecha no ha habido pruebas de tal desembolso.

Los ciudadanos en redes sociales no hicieron esperar su reacción cuestionando si ellos pueden "rentar" una aeronave oficial para uso particular y preguntando cuál es el protocolo para solicitar ese servicio al gobierno federal.

El abuso de Korenfeld llegó en el peor momento dado que el gobierno de Peña Nieto está bajo la lupa luego de la "casa blanca"; hecho que junto con otros, dieron pie a nuevas formas de atender la corrupción, abusos de poder y conflictos de interés.

La Secretaría de la Función Pública —en particular— y el gobierno federal —en general— tienen aquí una oportunidad para demostrar que la lucha contra este tipo de abusos va en serio, pero ello significa sacrificar al alfil de la polémica propuesta de ley de aguas nacionales.

Como si le hiciera falta, el mirreynato suma problemas a la administración peñista y, además, lo pone entre la espada y la pared; entre la posibilidad de demostrar que su lucha contra la corrupción va en serio o que la aprobación de una ley es más importante en total sentido pragmático.

Habrá que estar atentos para ver por qué se decanta el gobierno federal porque, sin duda generará un precedente.