De medios y otros demonios

La estrategia de la negación

"Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en realidad". Goebbels.

Desconozco si alguna vez negar la realidad ha servido para algo más allá del autoengaño y, no obstante, parece ser la línea medular de las estrategias de comunicación en todos los niveles de gobierno. Eso es algo muy preocupante.

La semana pasada el presidente Enrique Peña Nieto cometió un nuevo desliz discursivo al decir que las ciudades de León, Guanajuato, y Lagos de Moreno, Jalisco, eran estados.

Las redes sociales, que no perdonan una, comenzaron a destacar el hecho y algún usuario subió a YouTube la muestra del momento exacto en el que el primer mandatario hacía una de las suyas, dando material para nuevos memes.

En respuesta, los responsables de las redes sociales de Presidencia hicieron lo que hasta un novato en el manejo de estos medios sabe que no se debe hacer: solicitaron a YouTube que bajara el video y lo hicieron bajo el argumento de la propiedad de los derechos.

La novatez cuesta caro y Presidencia lo sabe. Inmediatamente el hecho se hizo público, tratar de ocultar lo ocurrido como si nunca hubiera pasado únicamente lo vuelve más notorio y así fue; un detalle que habría pasado desapercibido como eso, uno más, volvió a ser tema.

A final de cuentas, el video volvió a la red y Presidencia tuvo que recular colocando el más reciente dislate presidencial en la página oficial de la dependencia a través de la transcripción del discurso.

Días antes, fue duramente criticada la decisión (ilógica a todas luces) de bajar de la página de Presidencia toda la información sobre Angélica Rivera, justo cuando se encontraba en el ojo del huracán por andar de compras en Beverly Hills.

Una vez más la negación y el ocultamiento como medidas de respuesta de una administración que, de por sí, está bastante golpeada en cuanto a su imagen como para que, además, el área de comunicación le haga el "fabrón cavor" de granjearle el tema de la opacidad.

Negar los hechos no lleva a ningún lugar más que a la decepción de la gente porque, aunque en Los Pinos no quiera verse, la realidad que vivimos los ciudadanos en este país se aleja cada vez más de la fantasía que se construye en las mentes de las altas esferas políticas.

El fenómeno se replica como enfermedad a todas las instancias gubernamentales que, en vez de tomar al toro por los cuernos, prefieren tapar el sol con un dedo y dar soluciones "por de mientras".

La factura está por cobrarse y la gente manifestará su descontento con un elevado nivel de abstencionismo cuyos responsables seguramente tampoco verán. De la frase de Goebbels citada al principio, a alguien se le olvida que lo más importante de ella es la palabra "adecuadamente" pero mejor, negamos que lo dijimos.