De medios y otros demonios

Y la crisis sigue

Llegamos a la segunda semana de diciembre y es la fecha en la que el gobierno federal no puede sacarse de encima la crisis que se generó en septiembre luego del secuestro de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa aún desaparecidos.

De todas, todas; la comunicación del gobierno ha ido perdiendo una a una las "batallas" mediáticas. Por si fuera poco, a este momento se le sumó el asunto de la llamada "Casa Blanca", tema que tampoco logró ser controlado poniendo en el centro de la polémica a la Primera Dama del país.

Las acciones para remediar la situación han sido no menos que contraproducentes, a cada respuesta de la Presidencia aparece una objeción, en buena medida, consecuencia de una mezcla peligrosísima: la poca capacidad previsora y la falta de información relevante.

La desesperación comienza a asomar en Los Pinos, el "ya supérenlo" es muestra inequívoca de ello; más aún, lejos de asomar al fin de la crisis, el tema es llevado a lugares como la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, sitio que en otras ocasiones había logrado mantenerse en lo estrictamente cultural a pesar del furor político y que en esta edición no lo consiguió así.

Es en ese contexto que Sergio Aguayo advirtió que se vienen cuatro "difíciles y convulsos" ante una sociedad civil que no es capaz de organizarse u optar por mecanismos de respuesta para actuar frente a un gobierno que no toma en cuenta sus reclamos.

En este escenario no es difícil de prever el debilitamiento (aún mayor) de la figura presidencial, no como resultado del contexto sino como consecuencia de la estrategia ejecutada como respuesta a los hechos de Guerrero que sirvieron como detonante y estandarte para el resto del país.

La decisión de que el mandatario no se desgaste en el tema, escondiéndolo de los reflectores y alejándolo del lugar de origen de la crisis le ha proyectado una imagen de falta de liderazgo (no solo al interior, también en el extranjero) que echó a tierra todo el trabajo de posicionamiento que —ahora se ve— habían sostenido con pinzas.

Las buenas noticias para el gobierno federal es que ya se acerca el fin de año; aparentemente, se avecinan 15 días de tregua en los que la sociedad civil se desentiende de los temas políticos y hace una pausa para disfrutar de las fiestas y convivir en familia.

Serán dos semanas en las que ambas partes deberán estar en el análisis de resultados y la toma de decisiones, unos para continuar con sus estrategias antigubernamentales y los otros con sus campañas promocionales.

En medio se anticipa un convulso proceso electoral en el que los actores no solo deberán comprender el escenario político sino que, además, tendrán que jugar con reglas e instituciones nuevas. Un 2015 que no dará espacio al aburrimiento.