De medios y otros demonios

La captura del Chapo y después

Más allá de todo el circo mediático que se ha montado alrededor de la captura de Joaquín Guzmán Loera "El Chapo" y la relación del delincuente con la actriz Kate del Castillo, hay algunos temas a los que vale la pena prestar atención.

En primer lugar, la forma en que desde el gobierno federal se han ido filtrando documentos y "revelaciones" sobre las formas en que se llegó a la captura de "El Chapo" habla de un interés muy importante por demostrar la eficiencia de los aparatos de investigación del país.

No es menor que sean precisamente detalles de la investigación los que se estén haciendo públicos a través de los medios, el gobierno federal ha sido cuestionado constantemente por la ciudadanía respecto a su capacidad y alcances de investigación así como a lo que puede y no saber.

El que se hayan hecho públicas conversaciones de Black Berry Messenger (BBM) ha puesto a pensar a más de uno respecto a la seguridad de sus conversaciones privadas y la relativa facilidad con las que el gobierno puede vulnerar el sistema que, dicho sea de paso, dice utilizar porque "es más seguro".

La realidad de las cosas es que más de uno (con o sin razón) comenzó a preguntarse si será posible que sus comunicaciones puedan ser intervenidas y guardadas para ser posteriormente utilizadas; aunque existen sistemas que garantizan mayor seguridad que otros la verdad es que nadie conoce a ciencia cierta qué tanto pueden o no ser vulneradas estas comunicaciones.

Otro tema a considerar es la "entrevista" de Sean Penn publicada en la revista Rolling Stone. Cualquier reportero que entreviste a un delincuente prófugo de la justicia sabe (o debe saber) que seguramente será investigado un buen rato por las autoridades judiciales, es parte de la actividad.

No obstante, en una parte de los mensajes de Kate del Castillo con "El Chapo" ella le menciona que le enviarán la entrevista para que la revise antes de su publicación, cualquier reportero sabe que eso no debe hacerse porque entonces deja de ser periodístico y se convierte en publicitario.

Eso nos lleva al punto de la película. Más allá de si hay o no un interés legítimo para hacer una película de la vida del delincuente más buscado de México, de inicio es descalificaba que él mismo quisiera financiarla y, más aún, que la industria cinematográfica esté dispuesta a recibir dinero del crimen para las producciones.

Un solo caso abre muchas puertas que deben analizarse más a detalle: seguridad de la información privada, publicidad criminal disfrazada de interés periodístico, inversión de la delincuencia organizada en producciones cinematográficas como mecanismo de lavado de dinero son asuntos sobre los cuales el debate no debe cerrarse, al menos no tan simplemente.