De medios y otros demonios

Triunfo de Slim

La transmisión de la final de futbol desde León, Guanajuato, por televisión de paga e internet rompió con un mito que abrazaba al deporte más popular de México: las empresas futboleras debían restringirse a elegir entre Televisa y Tv Azteca para la venta de los derechos de transmisión de los partidos.

La situación entre las dos televisoras con respecto a la transmisión de sus partidos funcionaba, prácticamente, como un monopolio. El duopolio se había puesto de acuerdo para repartirse las sedes de tal modo que siempre se contara con la misma cantidad de partidos de la que cada cual tendría los derechos.

Controlaba precios de transmisión, situación extraña e irregular, en términos económicos, se presentaba en el negocio de la transmisión futbolística: el comprador le definía al vendedor el precio en el que adquiriría el producto.

El problema es que los equipos no tenían posibilidad alguna, si no aceptaban el precio nadie vería sus encuentros y, con ello, perderían la posibilidad de cobrar ingresos por publicidad en estadios, entre otros extras que se vinculan a la difusión de la marca a partir de los encuentros deportivos.

La distribución, simple: cada equipo de la división de ascenso debe acoplarse al esquema en el que un año será transmitido por Televisa y al año siguiente será por Tv Azteca.

El pretexto para eliminar a la competencia era que solo estás dos empresas tienen concesión para transmitir por televisión abierta nacional. Las televisoras tenían "amarrados" a los empresarios del deporte de las patadas sin una aparente posibilidad de romper estás condiciones. Hasta que ascendió León.

Cuando los "Panzas Verdes" regresaron notaron que la oferta de Tv Azteca era muy inferior al valor de su franquicia, decidieron no aceptar y abrieron la oferta a otras empresas. Fox Sports, ajeno al pacto del duopolio, alzó la mano y adquirió los derechos. Ahí se rompió el abuso de las televisoras.

Televisa, por su parte, se había mantenido ajeno a los conflictos hasta que León llegó a la final y Fox Sports tenía la mitad de las ganancias, pero más aún, para los equipos es negocio transmitir por señal de paga.

Comenzó la lluvia de ataques por parte de Televisa como una manera presión para que se notara que no habría posibilidad de que cientos de mexicanos vieran el encuentro. Ahí entró la genialidad de Carlos Slim, decidió transmitir por internet abriendo la señal a UnoTv y YouTube para que el partido pudiera seguirse hasta por un teléfono celular.

La gente siguió el partido y el negocio, según estimaciones, fue de 60 millones de pesos solo por publicidad. Slim abrió una ventana a los equipos ante el cierre de puertas de las televisoras y, de paso, inaugura una nueva era en temas de televisión al llevar la final a los espacios públicos de internet.

La de Slim es una victoria sobre las televisoras que ahora deberán subir la apuesta para mantener los derechos de los juegos en estadios del país pero no solo eso, si funciona, habrá demostrado con hechos que un tercer participante es benéfico para la gente y así, la tercer cadena de televisión abierta podría caer en sus manos. Ganar, ganar para Slim. Por cierto: Felicidades al campeón León.