De medios y otros demonios

Trampear las redes

Funcionarios del gobierno estatal, del comité directivo del partido en el poder (en este caso el PRI) y hasta directores de medios afines al gobierno de Javier Duarte lanzaron y promovieron una defensa al gobernador, en redes sociales, luego que fuera citado a declarar en la PGJDF por el caso del multihomicidio en la colonia Narvarte de la capital del país.

Así pasa en Veracruz, pero también ocurre en cualquier parte de la República: administraciones gubernamentales de todos los niveles que, ante la imposibilidad de generar contenidos de calidad que sean de interés para compartirse, recurren a este tipo de prácticas que podemos calificar de fraudulentas.

El objetivo de estas acciones no es engañar a las redes sociales sino a los medios que las reportean. Se trata de una tergiversación descarada tratando de montar un apoyo al gobernador que, de origen, es totalmente ficticio.

Estos mecanismos tenían cierto nivel de eficacia hace unos siete u ocho años cuando los mecanismos de medición de las redes sociales eran mínimos y lo único visible era cuántas personas dicen qué sobre algo.

La compra-venta de perfiles falsos, entre otras prácticas fraudulentas, dieron pie a que se crearan mecanismos de medición más eficiente para identificar todas esas formas de engaño que hoy se entienden como fallas en el proceso de construcción del discurso y de una narrativa que los usuarios estén dispuestos a compartir.

Estas prácticas no son innovadoras, más bien son adaptaciones de otras que se realizaban para el uso de medios electrónicos, como aquellos oficios enviados a los maestros del Estado de México ordenándoles ver la transmisión del informe del gobernador, Eruviel Ávila, para alterar los niveles de raiting.

Las redes sociales son una valiosa herramienta en los nuevos procesos de comunicación de los gobiernos hacia los ciudadanos pero igualmente una importantísima manera de retroalimentación para que los gobiernos sepan lo que sus ciudadanos quieren.

Se trata de medios bidireccionales que requieren un manejo a largo plazo, construyendo vínculos a través de la creación de narrativas específicas en función de las características del usuario para propiciar la interactividad.

Usar las redes sociales con estrategias que corresponden a medios convencionales es como tener un automóvil fórmula uno para conducirlo de la casa al trabajo porque ese es el camino que se conoce.

Engañar a las redes ya no es tan simple, no es imposible pero es mucho más complicado de lo que, a veces, intentan hacer; lo que es un hecho es que si los usuarios descubren la trampa, el daño será directo en la imagen pública, es decir, se obtendría justo lo contrario que se pretendía.