De medios y otros demonios

Telecom: Nos tomaron el pelo

El debate sobre la Ley de Telecomunicaciones sufrió un giro inesperado, justo cuando Televisa daba la batalla de su vida utilizando a sus títeres en el Congreso para mantener su poder monopólico disfrazado de oligopolio, Carlos Slim daba cátedra de elegancia en los negocios y anunciaba la venta de activos de América Móvil para terminar con la declaratoria de preponderancia.

La medida, que sorprendió a propios y extraños, es resultado de la reforma que generó la declaratoria que obliga a quienes controlen el mercado de las telecomunicaciones a compartir sus recursos para impulsar la competencia en el sector.

A la par que se hacía una legislación secundaria a modo para Televisa y sus filiales a cambio de no denunciar en sus espacios televisivos los alcances reales de la nueva ley respecto a privacidad y manejo de información personal, cercana al espionaje de la población sin reserva alguna; Slim determinaba romper la preponderancia.

El movimiento de América Móvil es hábil porque al dejar de cumplir los criterios que marca la ley para ser declarado preponderante, elimina también la posibilidad de que sus competidores crezcan a sus expensas.

Los negocios, que ya se planeaban para ser operador móvil virtual de telefonía (MVNO) como el que proponía Purificación Carpinteyro a José Gutiérrez Becerril, se vendrían abajo porque ya no podrían utilizar la infraestructura de Slim y deberán hacer una inversión mayor para construir sus propias instalaciones.

Cada quien en su estilo, las dos más grandes empresas de telecomunicaciones del país lograrán evadir la declaratoria de preponderancia; con ello, habrán dejado sin efecto una de las principales intenciones de la reforma y anulando la posibilidad de crecimiento y desarrollo en el sector.

En tanto, en la superficie, los medios "críticos" están más interesados en ver cómo pueden obtener una rebanada mayor del pastel a través de la transmisión de mensajes incendiarios sobre lo que ocurre; por debajo de la visibilidad, los legisladores aprueban leyes secundarias que atentan la privacidad.

La geolocalización de personas quedó al arbitrio de quien sea que pueda ser considerado como "instancias de seguridad" (así de ambiguo) sin que ningún juez deba estar enterado, sin que haya un objetivo o fundamento preciso para realizarlo.

Además de que los datos personales quedan comprometidos, la legislación de telecomunicaciones tiene más "sorpresitas" que tristemente descubriremos en el camino de su aplicación y que no se compensarán con larga distancia a precio de llamadas locales o reducciones mínimas en el costo de malos servicios. Sí, nos volvieron a tomar el pelo y ni cuenta nos dimos.