De medios y otros demonios

TV, sin dar batalla

Hace mucho tiempo que no veía nada de televisión nacional más allá de una visita ocasional a canales especializados en noticias, (La verdad es que no había tenido necesidad de hacerlo) y los contenidos de los canales extranjeros tienen una variedad bastante amplia y mucho más atractiva.

Pero durante clase, salió el tema de la programación en México. Pregunté al grupo quién veía telenovelas y la respuesta fue un poco sorprendente: Contrario a otros años, esta vez las manos que se levantaron fueron apenas un par, no más.

La duda, esa vieja maestra, me orilló a sintonizar por un par de días (bueno, quizás un poco más) la televisión nacional. El resultado fue como un viaje al pasado, o más todavía, a un lugar donde todo se quedó detenido.

Los mismos malos actores, las mismas malas historias, que en realidad son copia de la misma mala historia de una historia que en la década de los 70's u 80's fue muy buena pero que en el siglo XXI ya no da para más; los mismos comerciales, las mismas voces de locución y hasta el mismo lenguaje audiovisual de hace décadas.

Los "realities", que en canales como la BBC, TLC o A&E, no solo mantienen a la audiencia atenta durante todo el programa sino que además aportan información interesante o de cultura general, en la televisión nacional se convierten en un insufrible montón de chismes sin sentido, espacios para el morbo, el escarnio y los insultos.

Hace mucho que la narrativa televisiva mexicana dejó de ser atractiva para las nuevas audiencias y la prueba es que los jóvenes ya no ven televisión producida en México ni se interesan en la industria cultural que transmite.

La posibilidad de acceder a otros mecanismos en línea, como Netflix o servicios de películas como Click, permiten acceder a otras narrativas, más atractivas, dinámicas, interactivas, transmediáticas y modernas.

Cuando se tiene contacto con esas formas más actualizadas, cuesta trabajo regresar a las telenovelas de Televisa o TV Azteca, a los programas de chismes, a los sombrerazos e insultos de las puestas en escenas disfrazadas de problemas reales de personas que encarnan clichés y nada más.

Ahora que se han licitado y adjudicado las nuevas cadenas televisivas, la esperanza es que sus modelos abonen a mejorar los contenidos; aunque la expectativa real es menor y advierte solo son nuevos modelos de negocios que buscarán un mercado más local porque en el nacional intentar competir es absurdo.

La televisión mexicana abierta dejó de dar batalla hace mucho, se concentró tanto en el modelo de negocio, en la publicidad, que se olvidó del contenido que la hacía atractiva. Aunque no deberíamos sorprendemos, después de todo, es el mal de todos los medios en este país ¿o no?