De medios y otros demonios

Renuncia, no hay de otra

La situación en que se ha metido el secretario de Comunicaciones del Estado de México, Apolinar Mena Vargas, es insostenible. Mete, de paso, al gobierno de la entidad en un problema del que solo hay una salida: la renuncia del funcionario.

En contexto, hace unos días, para ser específicos en vacaciones de Semana Santa, el ex titular de la Conagua, David Korenfeld fue descubierto haciendo uso personal de un helicóptero oficial. Pecata minuta que le costó el puesto y una multa por 638 mil 653.33 pesos.

Algo muy menor a los audios difundidos que, además, son muy claros. El funcionario igual habla del favor que está pidiendo a la empresa como de una futura reunión con el gobernador Eruviel Ávila Villegas para platicarle un asunto que interesa a OHL, la mezcla de temas abre la puerta a las suspicacias.

En las grabaciones se escucha que Apolinar Mena menciona el costo de sus vacaciones de una semana: 124 mil 038 pesos. Wallentin se compromete a solucionar el problema, situación que el funcionario mexiquense constata días más tarde al llamar al hotel.

Más allá de si hubo o no devolución, el tráfico de influencias existe y es evidente. El mismo Apolinar Mena reconoció la solicitud de "apoyo" para que lo recibieran en el hotel que quería; si recibió o no el dinero pasa a segundo término: las llamadas se hacen desde y hacia su oficina y por lo tanto es una solicitud del funcionario al empresario y no un "apoyo" entre amigos.

Concediéndole al secretario que no exista devolución del costo de sus vacaciones, el tráfico de influencias existe y ha sido reconocido por él mismo en la lamentable conferencia de prensa en la que trató de exculparse sin darse cuenta que solamente se hundía más.

En ella dice (chico favor) que será el secretario de la Contraloría estatal, Alejandro Hinojosa quien investigue el caso "para que se aclare que en el Estado de México y en mi persona se ha actuado con apego a la ley y transparencia" ¡cómo! ¿Acaso el secretario reconoció que la investigación ya tiene la línea de exonerarlo? Porque así sonó.

Es evidente que en caso de mantener al funcionario, el gobierno estatal (en lo general) y su titular (en lo particular), así como el partido al que pertenecen, no podrán sacudirse las acusaciones de corrupción y tolerancia para este tipo de acciones, menos después del ejemplo dado por el gobierno federal en el caso Korenfeld y en pleno proceso electoral.

No obstante, Eruviel Ávila no debe pedir la renuncia de Apolinar Mena; debe ser él quien la ofrezca, ya no digamos por dignidad sino por proteger a su jefe, a la administración y a su partido; es lo menos que podría esperarse de él ¿o alguien podría creer otra cosa?