De medios y otros demonios

Renovarse o...

El sábado 28 de febrero su nombre aparecía en la lista de los plurinominales del PRI, con ello los rumores se confirmaban, la salida de David López Gutiérrez de la Coordinación de Comunicación Social de Presidencia era un hecho que solo esperaba verificativo.

En el afán de cuidar su salida y demostrar la amistad que lo une a Peña Nieto, se organizó un evento que tuvo el desatino de llevar por nombre "Ceremonia de relevo del Coordinador de Comunicación Social de la Presidencia de la República". Primer error.

Nunca había ocurrido algo así, ni con Martha Sahagún quien dejó el cargo para convertirse en Primera Dama. Solo la multicitada frase de Jesús Reyes Heroles "en política, la forma es fondo" puede ayudar a dar sentido a lo que pasó el viernes.

¿Cuántos otros plurinominales dejaron el cargo en medio de ceremonias y agradecimientos fastuosos? ¿Cuál es la necesidad de decir que se abandona el barco con la labor cumplida en medio de una innegable crisis de imagen?

Más aún, las palabras presidenciales no dichas a David sino a su relevo, Eduardo Sánchez, son reveladoras de una realidad que, hasta ese momento, solo Presidencia se negaba a ver o reconocer.

Dijo Peña Nieto: "Yo quiero confiarle a él esta tarea, a Eduardo, para que realmente la Comunicación Social [...] de la Presidencia de la República, sea una que permita realmente proyectar, en su exacta dimensión y con toda oportunidad, el trabajo que realiza el gobierno, pero muy señaladamente el Presidente de la República ante la sociedad mexicana".

¿"Para que realmente"? ¿Es decir que en tiempos de David no se proyectaba "en su exacta dimensión y con toda oportunidad, el trabajo que realiza el gobierno pero muy señaladamente el Presidente de la República"? Porque eso fue lo que dijo Peña Nieto.

El Presidente agregó: "Y para ello habrá que emprender caminos de innovación, de acercamiento, de amplio respeto a los medios de comunicación; de entender los tiempos que vivimos, de mayor apertura; de tener hoy una sociedad crítica y abierta, que es bienvenida en el México democrático que hoy tenemos".

Porque cuando se indica un nuevo rumbo se hace en función de aquel que no se ha seguido, ahí las fallas de David López: faltó innovación, acercamiento, respeto a los medios y entendimiento de los tiempos actuales de crítica y apertura. Esos fueron los pecados que lo alejan hoy de la Presidencia.

No podemos saber si las ejecuciones de Tlatlaya, la Casa Blanca y los 43 de Ayotzinapa (entre otras cosas) hayan sido, en suma, factor para esta decisión pero una cosa es evidente: las fallas existieron en la comunicación social de Presidencia y la principal de ellas fue no saber reinventarse, o eso dijo el Presidente.