De medios y otros demonios

Reconocimiento periodístico


En la conmemoración del aniversario de la erección del Estado de México, el gobierno estatal entregó las preseas que buscan honrar a quienes, nacidos en esta entidad, destacan en su labor profesional. Cada edición tiene sus críticas sobre los galardonados, y la de 2014 no fueron la excepción, al menos en lo que a periodismo se refiere.

La ganadora de este año es Vanessa Hitzel Ledezma Urbina, conocida solo hasta el viernes cuando su nombre fue mencionado para la presea de "Periodismo e Información José María Cos" tras su valioso trabajo reportando el tránsito vial en la emisora gubernamental.

En su sentido más simple, no hay nada de malo en que una empleada del gobierno sea premiada por el gobierno por seguir instrucciones del gobierno para realizar una cobertura que el gobierno le ha asignado.

Claro que, en ese sentido pudo haber sido galardonada con la presea "a la administración pública Adolfo López Mateos" pero, al no hacerlo, se indica que no es por su labor como servidora pública sino por su importante aportación informativa.

Eso implica que tampoco tiene que ver en esta entrega que la ganadora sea enlace de comunicación social del grupo de rescate del gobierno "Relámpagos" ("la joya de la corona" de la administración peñista).

Sería absurdo pensarlo luego del manejo de medios que se realizó después de que la agrupación fue expuesta tras el uso dado a los helicópteros por Laura Bozzo para su frivolidad de programa.

Ante la carencia de merecimientos, en algunos medios se ha especulado que la entrega de la presea de este año fue una orden proveniente de las oficinas de Lerdo 300. Imposible de verificar, aun si así fuera, el gobierno tiene derecho de otorgar el reconocimiento a quien quiera, así se lo merezca, lo cabildeé, o le caiga bien a quien quiera entregárselo (que para eso es suyo).

Las preseas tienen una trayectoria de 30 años que, se supone, debe ser cuidada y respetada por quien las entrega.

Quienes la han obtenido no querrían ver reducidos sus merecimientos a un mero reportero de vialidad y tránsito así como el gobierno no querría mandar el mensaje de que eso es hacer buen periodismo.

Más allá de los ataques furibundos de quienes sienten que con esta entrega se desmerece o abarata su valor, se debe ponderar que es solo una consideración gubernamental sobre lo que debe ser, a juicio del gobierno, el periodismo.

El periodismo no se puede medir en un premio proveniente desde el oficialismo, está en calles, en investigaciones y en el cotidiano informar sobre la realidad; si así actúa, el reportero recibe el más alto honor que cualquiera en este gremio puede obtener: ser llamado periodista por sus colegas y por la sociedad misma.