De medios y otros demonios

Presidencia por los suelos

La estrategia de comunicación de la Presidencia ha sido tema de las últimas semanas y no es para menos. El informe era una valiosa oportunidad de mejorar la tan vapuleada imagen de Peña Nieto; no obstante, se dilapidó.

Según la encuesta de Consulta Mitofsky la aprobación presidencial cayó hasta 46.9 puntos porcentuales, la más baja desde febrero de 2012, lo que implica, como mencionamos semanas antes, que la estrategia de comunicación sigue sin dar resultados positivos.

Si bien era previsible que las reformas causaran algún impacto negativo, también que la caída en la imagen se ha prolongado por mucho tiempo y no se observa la posibilidad de que haya un cambio en la tendencia.

Por si fuera poco, la imagen presidencial impacta directamente en la de los gobernantes en los demás niveles quienes resienten de igual modo esa percepción social negativa.

La misma encuesta indica el promedio de la imagen de los gobernadores (51 por ciento) y presidentes municipales (44 por ciento) lo que implica una caída generalizada de 10 puntos porcentuales de agosto de 2013 a la fecha.

Lo que los números reflejan es el descrédito de la ciudadanía en las acciones de gobierno, se observa un malestar con los responsables de tomar las decisiones del país en los distintos niveles.

El intento de mostrar a un Presidente cercano a la gente no ha dado los resultados esperados pero, podría decirse que es un resultado normal dado que los mensajes no han dejado de ser los mismos, presentados en el mismo estilo y con el mismo contenido; lo que los ha vuelto inocuos para la audiencia.

Al ya no tener el impacto que se esperaría de un mensaje de la Presidencia, el vacío que se genera se llena con la información de los noticieros, los comentarios cotidianos y la percepción (real o ficticia, eso no importa mucho) de un incremento generalizado de inseguridad, precios y abusos del poder.

Lo cierto es que el modelo de campaña está desgastado, la estrategia no ha presentado absolutamente nada innovador, ni por los medios de masas ni por los sociales desde que arrancó la administración y el mensaje no tiene el contenido necesario para soportar una transformación positiva.

Los anuncios de televisión y radio (ya lo habíamos dicho) han perdido frescura, es prácticamente lo mismo de siempre y para todos los mandatarios, lo que arroja como resultado inequívoco el que no haya una identidad presidencial y que la gente se haya acostumbrado al discurso.

No hay vuelta de hoja, si la Presidencia no nueva su esquema de comunicación, lo único que puede ocurrir es que todo siga como hasta ahora y lo más que podrá esperar es que se toque fondo y la imagen se estabilice en su punto más bajo, no más.