De medios y otros demonios

Nueva narrativa en medios


Las redes virtuales, en su inicio, significaron una incógnita para los medios masivos; su clasificación como medios sociales los ubicaron en un lugar entre la comunicación grupal y personal sin una noción clara de su alcance y con sospechas casi míticas respecto a su potencial.

Su desarrollo dio paso a una nueva forma de contar historias, la narrativa hipertextual evolucionó a una narrativa hiper y transmedial que involucra una redefinición de distintas áreas vinculadas a la producción.

Los medios tradicionales encontraron en las redes sociales mecanismos para redefinirse y lanzar nuevos esquemas publicitarios y mercadológicos que involucran esquemas más creativos y que centran la actividad comunicativa en la producción de contenidos.

Ante la ausencia de competencia, México se ha rezagado en este tenor y, equivocadamente, se presume como un importante consumidor de contenido para medios electrónicos y digitales pero un productor muy escaso, tanto en cantidad como en calidad.

Por ejemplo: mientras las producciones mexicanas siguen limitadas a las historias televisivas que ocasionalmente se comentan en redes sociales, en países como Inglaterra las producciones incluyen la narrativa transmedia, se crean cuentas de los personajes y estos interactúan entre sí aún si no es horario de transmisión.

Los fans de las series se mantienen atentos a la trama y reciben información vinculada a las historias, conversan con los personajes e interactúan con ellos para recomendarles qué hacer; todo ello como parte de una nueva narrativa creada y monitoreada por los escritores.

El rezago en nuestro país crece abismalmente y el riesgo es que ese primer lugar en consumo de productos digitales elimine, definitivamente, la capacidad creativa de los productores que se han limitado a la tropicalización de obras que fueron pensadas y diseñadas para otro tipo de públicos.

Similar ocurre en la radio. La mayoría de los programas se limitan a la transmisión de programas musicales con presentadores que, en su mayoría, carecen de criterio y preparación para comentar temáticas que les exigen salir de su zona de confort.

Las redes para la radio se han convertido en una extensión del teléfono, se limitan a recibir los comentarios de la gente, peticiones de las canciones de moda y saludos para otros radioescuchas. Tampoco hay una narrativa transmedia que involucre a los usuarios de redes con los programas.

Una nueva narrativa cambia la forma de hacer los medios, mejora experiencias de las audiencias y ofrece productos de mayor calidad, ello requiere inversión de los dueños de medios y ahí radica el problema.