De medios y otros demonios

Noticias que no lo son

Un fenómeno interesante ocurre "en nuestras narices" de una forma tan natural que hace que casi no lo notemos: Cada vez es más común que la gente se informe sobre lo que pasa a su alrededor a través de sus redes sociales y cada vez menos mediante la búsqueda de páginas web o medios tradicionales (prensa, radio o televisión).

La trascendencia no es menor. Se vuelve complejo comprender la relevancia de esta situación porque implica varios factores como la percepción individual y su impacto en lo social, la falsa idea de estar informado, la credibilidad de los medios y el impacto que tiene en la vida cotidiana.

La razón de elegir esta manera de informarnos es más simple de explicar: es la forma más fácil de hacernos de información que presumimos confiable a partir de la fuente que la pueda estar emitiendo.

Equiparando con la vida fuera de internet, es como si hubiera una persona que nos lleva las noticias que podrían sernos más interesantes hasta la puerta de la casa y sin necesidad de comprar el periódico o escuchar el programa de radio o televisión.

Esa comodidad tiene un costo: la veracidad.

Las redes sociales comenzaron a llenarse de páginas que suplantan nombres de medios reconocidos como CNN o El Universal. Un fenómeno distinto al de la página de bromas "El Deforma" que si bien confundió a más de un medio con información de entretenimiento en formato periodístico, hoy es identificada como tal.

Las páginas que suplantan identidad crean noticias que parecen ser reales, las construyen con cierto nivel de verosimilitud pero con ideas totalmente falsas, sacadas de la imaginación de sus autores.

El resultado es un alto grado de información que suele confundir a los usuarios de las redes que, en la dinámica de la rapidez, no verifican los datos sino que los consumen tal cual los reciben juzgando su confiabilidad a partir de que la fuente es similar a lo que conocen.

El nivel de desinformación que estos medios pueden generar es aún desconocido; no obstante, es innegable que construyen una percepción tergiversada de los hechos que se convierte, al menos de forma momentánea, en lo que la gente entiende como real.

En ese entorno, se pierde la confianza en lo que se encuentra en las redes (convertidas, prácticamente, en el único medio para estar informado) y se genera un desgano respecto a lo que pasa en la sociedad dejando a merced de quien sea la construcción de una opinión pública.

La pregunta obligada es: ¿quién puede estar interesado en que esta situación ocurra? La respuesta es más complicada pero básicamente cualquiera que esté interesado en influir en ella, es decir, cualquiera.