De medios y otros demonios

México y su periodismo

La organización no gubernamental Article 19 presentará este martes su informe anual 2013 sobre la situación del periodismo y la libertad de expresión en México. De antemano podemos decir que la expectativa no es nada buena.

Nuestro país se ha convertido en uno de los más peligrosos para el ejercicio de la profesión y, sin duda alguna, el número uno en la lista de naciones que no están en guerra.

Si la tendencia de los reportes anteriores no varía, los principales agresores serán: las autoridades locales y estatales seguidos de la delincuencia organizada y un amplio porcentaje de casos que no pueden ser atribuidos porque se realizan desde el anonimato.

En este mismo espacio hemos dicho muchas veces que las agresiones a los periodistas son solo la punta del iceberg de un problema mucho mayor de inseguridad y violencia que se registra en el país y que afecta a toda la población y no únicamente a los reporteros o medios.

El hecho de que la violencia haya escalado y se mantenga por tanto tiempo sin que las autoridades den muestra de tener capacidad, ya no digamos para revertir la situación, sino de poder poner un alto a la delincuencia genera un foco rojo social.

Acostumbrarse a una vida de miedo, de inseguridad, de violencia; parece ser la única respuesta que está encontrando la ciudadanía y no podemos, no debemos permitir que esto suceda.

Las autodefensas en Michoacán son resultado de llevar ese sentimiento de desesperación a un grado extremo, en los pueblos y algunas ciudades las amenazas de linchamiento se vuelven realidad con mayor regularidad y constancia sin que los encargados de la seguridad puedan dar respuestas.

El periodismo no puede ni debe quedarse al margen de toda esta situación, es necesario pensarlo y repensarlo desde una nueva perspectiva, más amplia y completa que incluya líneas editoriales más claras y honestas.

En plena crisis de seguridad el periodismo no puede limitarse a la denuncia, queja y exigencia de solución; debe replantearse a sí mismo y repensar la validez de un modelo de negocio que antepone la supervivencia del medio al bienestar de la sociedad.

En este panorama el silencio se vuelve igualmente cómplice y, por tanto, comparsa de la delincuencia y la autoridad que, por impotencia o interés, no cumple con su función de brindar seguridad a los ciudadanos.

Hoy más que nunca se requiere un mejor periodismo, uno que le devuelva su carácter social al oficio que, junto con el país, parece también haber perdido el rumbo.