De medios y otros demonios

México: ¿Cuándo nos perdimos?

El secuestro de los 43 de Ayotzinapa abre la reflexión para muchas cosas que pasan en el país; las manifestaciones siguientes a este hecho han trasladado el asunto a un tema más profundo: ¿Qué pasa con nuestra sociedad?

El cuestionamiento toca lo más hondo del entramado social. ¿En qué momento nos perdimos? ¿Cuándo dejamos de pensar que 43 vidas no valían ser reclamadas? ¿Cuándo apoyamos al delincuente para dejar salir nuestro odio contra el gobierno?

Tal parece que la nación mexicana ha desaparecido, se desintegró en algún momento y no nos dimos cuenta ni cuándo. Se nos esfumó de las manos sin notarlo y vivimos la consecuencia de ello.

Antaño un sinónimo de delincuente era "inadaptado social". ¿Cuándo los adaptamos a la sociedad? O ¿acaso la sociedad se adapta a ellos? ¿Cuándo nos permitimos convivir con ellos? Más aún ¿cuándo nos convertirmos en ellos? ¿De verdad los buenos somos más? ¿Somos buenos?

¿Por qué nos acostumbramos a los asesinatos ya tan cotidianos? ¿Bajo qué circunstancias resolvimos que la culpa de todo la tiene el gobierno? Y ¿qué nos hizo pensar que la solución de todo la debe tener el gobierno?

¿Cómo permitimos que la delincuencia conviva con la sociedad? ¿Cómo hacemos para vivir tranquilos observando que alguien delinque y callamos? ¿Cuándo nos inundó el miedo a grado tal que preferimos mirara otro lado en lugar de ayudar a alguien?

México requiere una revolución; pero no esa que reclaman los anarquistas, sinarquistas, izquierdistas o cualquier otro "ista". No lograremos nada confrontándonos unos con otros solo porque tenemos miedo o pensamos que todo está mal y que alguien más debe solucionarlo.

Hay ejemplos conocidos, no son muchos pero existen. La India de Gandhi logró su independencia de manera pacífica; la Sudáfrica de Mandela terminó con el apartheid y además conformó una nación que olvidara los rencores.

No va a ser fácil pero tenemos que empezar, cada uno, a hacer lo correcto; a dejar de justificar lo que hacemos mal y comenzar a hacer lo que sabemos que está bien. Alejémonos de aquellos que actúan contra la sociedad (porque en cada comunidad todos sabemos quiénes son) que sean, de nueva cuenta, inadaptados.

Demostrémosles que no estamos de acuerdo con lo que hacen, que no creemos en la violencia como mecanismo para "arreglar" las cosas porque sabemos que, en realidad, las descomponen más.

Termino con tres frases para invitar a la acción. Gandhi: "Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego", "No hay camino para la paz, la paz es el camino". Einstein: "si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo".