De medios y otros demonios

Mera propaganda

La estrategia de comunicación elegida por el gobierno de la República, llevó al presidente Enrique Peña Nieto a las pantallas de los programas de revista para exponer un discurso simplista cargado de propaganda burda.

Los "críticos" de la Presidencia se centran en las formas para lanzar una serie de comentarios llenos de virulencia pero faltos de sentido, cuestionando que el primer mandatario del país haya aparecido en programas de bajo contenido informativo, simplista y con comentarios fáciles e inoportunos.

En estricto sentido comunicativo, la estrategia era correcta. Nos guste reconocerlo o no, la mayoría de la población no escucha los noticieros radiofónicos (aún el de Carmen Aristegui), tampoco siguen los programas informativos; si acaso por las noches y sin poner gran atención.

La idea de llevar el tema al público nacional a través de programas de entretenimiento pueril no es tan descabellada, después de todo la comunicación eficiente debe buscar los mejores canales para llevar el mensaje a los receptores deseados.

El canal elegido por la Presidencia es el adecuado si la intención es llegar a la ama de casa, a estéticas, a torerías y en general al mexicano que no lee periódicos, que no escucha noticieros y que le aburre la política.

La apuesta es grande: informar al desinteresado, llegar al público que está más preocupado por el resultado del fútbol o el último romance de su artista favorito que en las cuestiones torales del país.

El problema, entonces, en esta estrategia es el mensaje. Teniendo la oportunidad de alcanzar al público tradicionalmente excluido de las discusiones relevantes, se desperdicia el hecho emitiendo un discurso propagandista que más que informar busca convencer que se trata de un logro.

En un proceso comunicativo la intención se identifica en el mensaje, lo que nos lleva a ver que la intención del gobierno de la República no es informativa, se trata de un mecanismo para reposicionar la imagen del Presidente, subirle los niveles de reputación atacando a un público más dócil e irreflexivo.

Se ataca a un sector que no cuestiona que Andrea diga "Eso suena muy bien, eso suena muy bonito" sino que lo cree sólo porque lo dijo la conductora del programa que ven todos los días y en cuya responsabilidad recae el que la gente esté bien informada o sea engañada con fines de imagen política.

Informarle a la gente común lo que representan las reformas es algo que ni detractores ni defensores han intentado siquiera. La discusión se ha mantenido en los círculos del poder, en las altas esferas, mientras que las masas siguen siendo usadas como carne de cañón para la imagen pública. Ni más ni menos