De medios y otros demonios

Lecciones de Oaxaca y el Brexit

México recibió dos grandes sacudidas en la semana que no pueden dejarse pasar así nada más. Primero, los hechos de Nochixtlán, Oaxaca, y la polarización social que se generó en redes sociales; segundo, el Brexit y la gran lección que los más jóvenes deben aprender de ahí; en ambos, la importancia de saber comunicar los mensajes.

En el caso de Oaxaca llama la atención la gran polarización en la que derivaron los hechos, el común de revolucionarios del teclado se aprestó a condenar los hechos y lanzar las ya clásicas acusaciones en contra del gobierno mexicano.

En contraparte aparecieron los defensores del Estado de Derecho arguyendo que «los maestros» llevaban días haciendo cobros a la gente para mantener su movimiento, extorsionando y aterrorizando a los oaxaqueños.

En ambos hay algo y nada de razón con todo y sus evidencias probatorias pero, sobre todo, ha habido una enorme falta de empatía con el común de la gente que ya no se traga tan fácil los discursos facilongos y cuestiona igual a las presuntas víctimas que a los presuntos victimarios.

Por parte del Brexit, el pueblo de Reino Unido se ha expresado en las urnas y ha votado abandonar la Unión Europea no importándoles que con ello se haya generado una crisis mundial y restringido las posibilidades de sus jóvenes.

Mucho hay que aprender aún del Brexit pero principalmente una cosa: los jóvenes no pueden, no deben, desentenderse de los asuntos de la política porque entonces depositan su futuro en manos de los viejos.

Tras el referéndum, los jóvenes británicos se volcaron a las redes para reclamar que se les ha excluido del mundo global y con ello reducido oportunidades reales de trabajo y desarrollo.

Las cifras iniciales arrojan que los jóvenes votaron mayoritariamente por mantenerse en la Unión Europea mientras que fueron los viejos ingleses los que impulsaron la salida bajo una bandera de autosuficiencia que ahora parece solo haber existido en el discurso.

Aunque resta esperar los detalles, los análisis preliminares apuntan a que los jóvenes no votaron: si se mantuvo la tendencia de 2015, habrían acudido a las urnas casi 80 por ciento en el rango de 65 años o más y alrededor de 45 por ciento de entre 18 y 34 años.

El mensaje es claro y contundente, la tendencia de la generación milenial de no interesarse en temas de política ya le cobró factura, al menos, a los jóvenes británicos que dejaron en manos de sus abuelos la decisión sobre su futuro.

Resta entender también que en ambos casos la construcción o no de mensajes adecuados transmitidos en el momento preciso influye determinantemente en el ánimo social y en la definición de los temas nacionales; eso lo analizaremos después.