De medios y otros demonios

¡Justicia!

Pasan los días y el malestar no pasa, la sensación de hartazgo no mengua, el sentimiento de desamparo crece y, tristemente, las caras llenas de furia, rencor y deseos de venganza disfrazada de justicia se multiplican exponencialmente.

El alcance mediático de la información presenta un panorama cada vez más polarizado. Las manifestaciones aumentan en cuanto a número pero también en intensidad; la intolerancia de ambos bandos (los que defienden al gobierno y los que lo atacan) censura la posibilidad de opiniones intermedias que suelen ser consideradas como partidarias del otro bando.

La verdad sea dicha: en este panorama de crispación, de conflicto cotidiano, no hay mucho espacio para la verdad y todo se centra en las versiones de uno y otro que, por obviedad, son aplaudidas por los respectivos seguidores y descalificadas por los correspondientes rivales.

Lo que se observa es una situación de caos en la que los antigubernamentalistas marchan, gritan, amenazan, insultan, golpean, queman, delinquen y lo hacen en total impunidad, igualmente legal que política y social mientras que los progubernamentales descalifican, insultan, agreden, minimizan y se hacen omisos.

En el extranjero las manifestaciones son amplias pero similares en cuanto quienes lo hacen: mexicanos que tuvieron la posibilidad de salir del país por estudios, trabajo o paseo, que aprovechan para juntarse en grupos de 20 o 30 personas (normalmente jóvenes de clase alta) con pancartas contra el gobierno.

Lo de hoy es reaccionar sin reflexionar, sin pensar, desde lo mas profundo de la víscera, emitir un juicio fácil y rápido para no dar pie a la conciencia, para actuar como lo que normalmente somos: masa. Una masa amorfa, ingente, impaciente e impensante, carne de cañón para los bandos en pugna.

Los hechos están y siempre estarán ahí queramos verlos o no. Ayotzinapa es un polvorín de verdades a medias y mentiras completas tanto de los defensores de gobierno como de sus detractores.

En este momento ya no se trata de 43 estudiantes que salieron una tarde de su escuela para ir a robar autobuses y luego fueron detenidos, secuestrados y presuntamente asesinados por miembros de la delincuencia organizada que habían logrado infiltrarse en los círculos del poder.

Se trata de nosotros, del mexicano que somos cada uno, de lo que nos estamos convirtiendo a partir de esta experiencia, de lo queramos convertirnos luego de ella.

La exigencia de justicia es, más que nunca, una necesidad: es justo saber lo que pasó en Iguala, es justo acusar a los responsables y exculpar a quienes no han tenido nada que ver, es justo que quienes piden respeto y paz sean respetados en su petición. Justicia, es lo que todos queremos.