De medios y otros demonios

Gabo, el periodista

La muerte de Gabriel García Márquez llenó de tinta los periódicos. Por un motivo u otro, quienes nos dedicamos a esta profesión tenemos un vínculo muy particular con él. Paradójicamente, es esa visión de periodista la que menos se le recordó en su momento final.

Poco o casi nada se ha dicho de su pasión más grande: el periodismo. Siempre vinculada a su labor como escritor. Curioso, insistió hasta descubrir por qué su editor le habría tachoneado y reescrito todo el texto en sus primeras dos notas que le fueron publicadas sin firma; estudió las correcciones y las afinó "Después ya me fue tachando menos frases, hasta que un día ya no tachó más, y se supone que desde aquel momento yo ya era periodista", contó García Márquez.

Cuando pensamos en los grandes hombres olvidamos reflexionar que alguna vez debieron aprender, que alguna vez le tachonearon todas sus notas a García Márquez y que hasta le publicaron sin firma; como hoy tanto ofende a los reporteros novatos que se sienten literatos por revolcar boletines y que nunca abandonan la novatez narrativa pese a los muchos años de práctica "profesional".

Gabo dejó plasmada en papel su visión de lo que debe ser un buen reportero. Escribió "El mejor oficio del mundo" en 1996 para la 52 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa; ahí describe la forma humilde en la que el aprendiz resistía y perseveraba hasta alcanzar el más alto rango que se puede obtener en el oficio: reportero raso.

Describe cómo el ahora abandonado ejercicio de la lectura era una adicción laboral y le devuelve su valor a la práctica autodidacta —tan menospreciada en nuestros días en que reporteros buscan cursos de lo que sea, siempre que les den un papel que diga que son buenos... aún sin serlo—.

Critica las escuelas de comunicación en donde la enseñanza del periodismo se limita a atiborrar de conceptos a ingenuos estudiantes que creen que con ello han aprendido el oficio sin haberles dado el mínimo de formación o preparación suficiente para lo que enfrentarán en el ámbito laboral.

Deja manifiesto su desprecio por la grabadora porque elimina el sentido humano del periodismo y le permite al irresponsable esconderse detrás de ella para no asumir su papel en el texto o la investigación y exalta el respeto a la ética profesional que se vuelve bandera de muchos y compromiso de pocos.

Gabriel García Márquez nos ha dejado un gran legado a quienes ejercemos el oficio pero también una fuerte responsabilidad: "No esperen nada del siglo XXI, que es el siglo XXI el que lo espera todo de ustedes. Un siglo que no viene hecho de fábrica sino listo para ser forjado a nuestra imagen y semejanza, y que solo será tan glorioso y nuestro como ustedes sean capaces de imaginarlo".

Descanse en paz.