De medios y otros demonios

Futuro mediático

El aprovechamiento de las tecnologías de la información en México se encuentra en un punto que ya ha sido rebasado en los principales países del mundo desarrollado; mientras la discusión nacional aún se centra en la tecnología y el acceso a ella, el asunto de los contenidos toma cada vez mayor fuerza en otras latitudes.

La aplicación de las primeras medidas derivadas de la declaratoria de preponderancia a los grupos Carso y Televisa van enfocadas en atender el modelos de negocios en materia de telecomunicaciones pero no resuelve la necesidad de la sociedad a recibir mejores servicios/productos de mayor calidad al precio justo.

México aparece en los últimos lugares de las clasificaciones sobre velocidad y calidad de señal en las telecomunicaciones; también ha abandonado esos sitios privilegiados en la producción de contenidos que mantuvo en décadas anteriores.

Las producciones de internet (caseras o no tanto) acaparan la atención de los sectores jóvenes de la población, lo que representa un gran riesgo a largo plazo para las empresas de medios electrónicos que verán, en el largo plazo, el desplazamiento de la publicidad a otras áreas.

Los llamados "youtubers" y "viners" consiguen mejores impactos publicitarios que las campañas masivas que lanzan por televisión. Cuentan con la ventaja de tener públicos delimitados y específicos a los que impactan con mensajes más simples y sencillos de elaborar que los televisivos.

En telecomunicaciones, el debate existente entre los alcances de la ley secundaria a la reforma se torna trascendental ante la posibilidad de que el Estado se atribuya, sin criterios precisos, el control y manejo de la información y contenidos a través de una retórica absurda y perversa que esconde sus intenciones detrás de una retórica dictatorial digna del chavismo venezolano.

Los contenidos son el tema del presente en el mundo por lo que el intento de controlarlo se vuelve cada vez más desmedido por parte de gobiernos controladores que se han dado cuenta de la imposibilidad de controlar el flujo de medios en las redes sociales, blogs, páginas, entre otros mecanismos de interacción virtual.

El desplazamiento natural que la emergencia de nuevas formas de expresión mediática representa para gobiernos y empresas está encontrando en México un mecanismo mucho más complejo de lo esperado que se refleja en una legislación ambivalente obligada a tomar curso a la brevedad.

Las nuevas maneras de entender los medios y las telecomunicaciones forjarán el destino del país con miras a un futuro próximo y lejano que nos abrirá las puertas del desarrollo o nos las cerrará irremediablemente. ¿Hacia qué destino nos dirigimos? Es incierto, aún saberlo.