De medios y otros demonios

Elecciones de “siempre lo mismo”

A 15 días de que se lleve a cabo la jornada electoral se puede anticipar un rotundo fracaso de la reforma política que solo ha propiciado el alejamiento y desinterés de los ciudadanos respecto a estos temas.

Platicando con las personas en la calle es fácil descubrir que muy pocos conocen a los candidatos y quienes lo hacen solo identifican a uno o dos; cuando se les pregunta ¿qué les parecen? La respuesta es muy similar: "pues qué quiere, siempre es lo mismo".

No se puede culpar a la gente de no involucrarse con la política, dado que los políticos no se involucraron con la gente; basta leer los eslóganes que eligieron los candidatos y sus equipos para darse cuenta que no hay compromiso alguno con los habitantes de cada lugar.

Por ejemplo, en Toluca, los representantes de los tres principales partidos se promueven de la siguiente manera: Ana Yurixi "Va por ti, va por todos", Juan Rodolfo "Te lo aseguro" y Fernando Zamora "Seguridad y orden"; sin contundencia, sin comprometerse, sin interés alguno, tan ambiguos como inocuos.

A eso debemos sumarle los errores consecutivos y constantes del Instituto Nacional Electoral (INE) que no ha sido capaz de dar certeza en los criterios para tomar sus decisiones y el lamentable comportamiento de su presidente Lorenzo Córdova (del que me sostengo en sumarme a la iniciativa de no votar el 7 de junio si no renuncia).

Es un hecho que se requieren nuevas reglas del juego político-electoral; restringir las campañas en términos de gastos trae como consecuencia falta de información en la ciudadanía que responde con desinterés y desapego a lo que pasa en el proceso.

Lo que el país necesita es un modelo en el que ya no se cargue al erario la manutención de los partidos y que sean estos, a través de un severo sistema de fiscalización, los que tengan que encontrar la manera económica de seguir en el juego político y que ese recurso público se gaste en desarrollo social.

En tanto los partidos tengan garantizados sus ingresos en función del porcentaje de votación y no de su capacidad de ofrecer candidatos que den resultados para que los ciudadanos los evalúen realmente, cualquier cantidad que se gaste en el proceso, sea un peso o millones, será un costo elevado.

Urge una democracia real, que sea solventada y sostenida por los ciudadanos como participantes activos del proceso y no por el Estado y sus instituciones como benefactores de una simulación.

Por lo pronto nos encaminamos a una jornada electoral con un alto margen de abstencionismo/desinterés sin posibilidades reales de elegir porque, como dice la sabiduría popular: no importa quién gane, siempre es lo mismo.