De medios y otros demonios

Credibilidad, medios y redes


El rápido proceso evolutivo de los medios tradicionales en redes sociales ha generado una pérdida de los principios periodísticos en aras de lograr mayor velocidad en la entrega informativa pasando por encima de preceptos básicos como la verificación o confirmación de un hecho antes de publicarlo. La espectacularidad antes que la información, el negocio antes que la responsabilidad social.

Entre el 22 y 23 de enero de 2014, varios medios nacionales publicaron la noticia de que la actriz y modelo (algunos la calificaron de "vedette" en sus titulares para hacer morbosamente vendible la información) Fabiana Leis fungía como secretaria privada del presidente uruguayo José Mujica a pesar de que desde el día 21 ya se había desmentido la versión publicada por un medio de espectáculos argentino.

Sin cumplir mínimos elementales del periodismo, que obligan a investigar y verificar antes de publicar, los medios nacionales que cayeron en la trampa de difundir sin conocer, incurrieron en una falta que, además, se dejó continuar al no corregir la información posteriormente.

El problema radica en los encargados de las redes sociales, llamados "media manager" o "community manager", figuras creadas a partir del desarrollo de la web 2.0 que llegaron a los medios con el afiche de especialistas en el manejo de redes sociales pero que poco o nada saben de técnica periodística por lo que se limitan a replicar información sin hacer el mínimo intentó de verificación.

El hecho, aparentemente inocuo, tiene un impacto severo en la credibilidad de los medios, este sí, factor crucial en la pelea por la audiencia y los lectores en un ambiente hipermediado como es internet.

Dar por buena, y publicar, información falsa a pesar de que ha sido desmentida; abre espacio a una duda razonable respecto a la capacidad del medio o a sus intereses político-económicos al difundir hechos cuya veracidad ha sido refutada.

El periodismo en la era de la web 2.0 ha cambiado y transformado muchas cosas, entre ellas, la facilidad de verificar, o al menos contrastar, la información a la que se tiene alcance. Un simple gogleo del nombre de Fabiana Leis habría servido para ver que la actriz ya había desmentido la afirmación; más aún, una pasada por la página de la presidencia de Uruguay habría permitido verificar que el cargo no lo ocupa la actriz sino otra persona, elementos suficientes para decidir no publicar la nota.

El respeto a lectores y seguidores en la red, pero sobre todo, al periodismo en sí, obliga a reconocer el error y rectificar la información, en juego está el valor máximo del medio, su credibilidad (tan lastimada) ante una sociedad cada vez más globalmente mediatizada.