De medios y otros demonios

Ciudadanos: de lo digital a lo real

La usabilidad de las nuevas tecnologías está modificando de facto la interactividad social; muestra de ello son los nuevos ciudadanos que manifiestan exigencias similares a las de los ciberciudadanos, a saber: respuesta inmediata, incapacidad de análisis de propuestas a largo plazo y banalización de la política.

Los estándares del gobierno en línea (e-gobierno) buscan agilizar mecanismos de atención ciudadana mediante soluciones cada vez más creativas que faciliten la vida a los habitantes de un lugar y también para atraer mayor inversión a municipios o estados.

Estos mecanismos dan la experiencia al usuario de una respuesta instantánea y medible en términos de atención gubernamental y generan una falsa expectativa de lo que debe esperar en este sentido.

El ciberciudadano tiene la sensación de que su gobierno cumple de mejor manera y le facilita la vida, pero también hace que espere ese mismo resultado del servicio tradicional y es ahí donde comienzan las dificultades porque no se tiene un sistema de soporte que mantenga una congruencia entre ambas.

Aunado ello, viene el problema de la memoria de corto plazo: los temas se apoltronan uno tras otro y los ciberciudadanos no contamos con capacidad suficiente para mantener la vigencia de unos sobre otros.

Los tópicos de debate en redes sociales permean fácilmente a los medios convencionales, quienes se han quedado atrás del ritmo en el que cada tema aparece y se va sin posibilidad a permanecer en el colectivo social, por lo que la el ciudadano olvida rápidamente y puede perderse, también rápidamente, entre un mundo extremadamente veloz en alternancia.

El fenómeno más interesante está vinculado con la manera en la que el ciudadano aborda los temas sociales y políticos: pierden noción de relevancia y todas las opiniones –informadas y desinformadas– adquieren el mismo valor y se sopesan con la misma veracidad.

Las redes sociales se saturan de comentarios personales que adquieren el mismo peso que las informaciones documentadas e incluso, en algunos casos, se ponen por encima de los hechos.

En esta confusión el ciudadano que queda con la idea de lo que escuchó o leyó no tiene interés (ni tiempo) para rastrear si lo que está repitiendo como un hecho es en realidad lo que pasó o al menos se acerca a ello.

La ciberciudadanía está modificando la manera de entender la ciudadanía no digital, gobiernos y partidos no están reaccionando a tiempo para actualizarse y dar respuesta a las demandas de sus gobernados.

No se trata de solo contar con una página web, eso, eso por sí mismo no construirá la ciberciudadanía; se necesita un sistema completo que enlace ambos ambientes. Hacerlo se vuelve urgente.