De medios y otros demonios

Censura

Uno de los temas que causa mayor controversia en el ámbito periodístico es, sin duda, el de la censura. Los debates respecto a este tenor involucran uno de los puntos más relevantes de las garantías individuales: la libertad de expresión.

El asunto cobra relevancia luego de que Malala Yousafzai, la niña paquistaní tiroteada por extremistas musulmanes por defender el derecho universal a la educación, fue elegida premio Sájarov 2013 a la Libertad de Expresión que otorga el Parlamento Europeo.

Se espera el anuncio oficial en breve por el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, según reportes que adelantaron el resultado de la votación unánime.

En declaraciones Schulz destacó su satisfacción porque el Parlamento Europeo premie a “una niña que ha demostrado tener más coraje que muchos adultos”.

Reconocer el valor por la libre expresión es, también, aceptar que el yugo de la censura permanece en muchas y distintas maneras sin importar si se trata del régimen musulmán pakistaní o el democrático norteamericano con el caso del ex técnico de la CIA, Edward Snowden, quien aparecía como el otro candidato al reconocimiento.

Hablar de censura implica un intrincado conjunto de intereses que ya no dan cabida a radicalismos y colocan el punto en la posibilidad de validar o no una acción de este tipo. Een términos simples: no toda censura es negativa ni toda “expresión libre” es positiva; contrario a lo que la retórica del tema arguye.

Se considera censura positiva la que busca evitar perjuicio al sentido de humanidad de los demás; así, se estima como censura negativa la que afecta el derecho a expresarse sin perjuicio a la sociedad.

La censura positiva implica el cuidado de la vida humana (propia o de un grupo o sociedad), temas como seguridad personal y de terceros se involucran en estas estimaciones y se colocan al mismo nivel en los que las incitaciones a la violencia, la discriminación (por el motivo que sea) y al odio, como negaciones de lo humano, se reconocen como objetos de censura válida.

No obstante, las llamadas ofensas no son, por sí mismas, censurables dado que dan pie a la discusión y debate de ideas que permiten enriquecer el pensamiento social y encontrar momentos evolutivos o involutivos en el desarrollo de la sociedad como forma de evaluar su avance o retroceso en el nivel de democracia que se vive.

La elección de Malala como premio Sájarov 2013, es un llamado de alerta a la sociedad musulmana sobre el derecho a la educación de las mujeres independientemente de si se considera o no una ofensa a sus creencias y les lleva al análisis respecto a la evolución de esta cultura.

Pero el punto más importante de esta decisión radica en su trascendencia: un régimen autoritario y censurador no tiene cabida en el futuro democrático de la humanidad, cada vez más ávida de transparencia y rectitud. En ello debe afanarse el periodismo moderno.