Articulista invitado

Oaxaca: destape en dos tiempos

Con todo y el pacto disciplinario firmado por los aspirantes a la gubernatura del estado en el CEN del PRI, hay altas probabilidades de que el ulicismo juegue las contras a Murat.

En diciembre de 2015, a propósito de la disputa priista por la candidatura a gobernador de Oaxaca, escribí lo siguiente en un diario local:

"La sorpresiva renuncia de Alejandro Murat a la dirección general del Infonavit no se ajustó al viejo estilo de destape de un candidato priista y eso mismo frenó la cargada y alineamiento de los otros aspirantes, sobre todo de los antagónicos al muratismo, reacios a asumir que esta renuncia hubiese sido resultado de un arreglo entre el ex funcionario federal y el presidente Enrique Peña Nieto y, por tanto, la señal de que ya el destape se había consumado".

Tres semanas después acoté que ante una disputa polarizada entre muratistas y ulicistas (con Eviel Pérez Magaña como "tiburón" del ex gobernador Ulises Ruiz) se había integrado un segundo bloque de aspirantes conformado por la diputada federal Mariana Benítez Tiburcio, el priista y ex secretario general de Gobierno Alfonso Gómez Sandoval y el ex presidente de la Coparmex Gerardo Gutiérrez Candiani.

De ese segundo bloque el ex dirigente empresarial y sin militancia priista le apostó, al igual que Alejandro Murat, a su cercanía con el primer círculo presidencial, cultivada a partir de su desempeño como dirigente empresarial a escala nacional. Sin embargo, con mayor anticipación Murat ya se había ganado la confianza del presidente Enrique Peña Nieto, no solamente por el papel protagónico asumido por su padre, José Murat, en la firma del Pacto por México, sino por sus propias relaciones de trabajo tejidas con el secretario de Hacienda y aspirante presidencial, Luis Videgaray.

De la fecha de su renuncia a la dirección general del Infonavit a su destape oficial como "precandidato único" (en los hechos, candidato), Alejandro Murat fue sometido a un intenso golpeteo por sus adversarios de dentro y fuera del PRI: primero, por la presunción de inelegibilidad para ser candidato, asunto aún no finiquitado legalmente y, segundo, por la trayectoria siempre polémica de su padre, que como gobernador de Oaxaca (1998-2004) pasó a la historia como un gobernante autoritario, pero al mismo tiempo bastante propenso a ejercer el poder a base de corromper a líderes políticos, sociales y sindicales de todo signo y amasar cuantiosa fortuna.

De ahí que para cerrarle el paso la estrategia de sus adversarios, destacadamente del ex gobernador Ulises Ruiz —principal promotor de la precandidatura del senador Eviel Pérez Magaña—, se centrara en evidenciar estos abusos de poder, conducta que, por cierto, también caracterizó a Ulises Ruiz, a tal grado que fue factor determinante para la emergencia de una insurrección popular que en 2006 demandó, sin lograrlo, su destitución.

Como suele ocurrir en toda contienda interna, una vez consumado el destape, Murat sumó las primeras adhesiones de algunos de sus oponentes y, por supuesto, la cargada de los que jugaron con todos y con nadie. Sin embargo, la clave de que su designación será factor de unidad y no de discordia no estará en estos sectores, sino en lo que haga y deje de hacer el priismo ulicista.

En la sucesión gubernamental de 2010 la animosidad entre José Murat y Ulises Ruiz se expresó en un voto de castigo del muratismo hacia el candidato del PRI, Eviel Pérez Magaña, ruptura que terminó por beneficiar al candidato opositor, Gabino Cué.

Hoy, con todo y el pacto disciplinario firmado por todos los aspirantes en el CEN del PRI, y el reparto de curules plurinominales en la próxima legislatura local y cargos administrativos en el gobierno federal, hay altas probabilidades de que el ulicismo le juegue las contras a Alejandro Murat.

En un escenario de tercios y de elección de Estado, como se dibuja la elección gubernamental en Oaxaca, el PRI y su candidato a la gubernatura no tienen asegurada ninguna victoria por anticipado como ya se festina, como tampoco la tendrá el candidato que en un mes designe el PRD y que encabezará la coalición integrada junto con el PAN y el PT.

Lo que sí se advierte es una contienda ríspida, con denuncias de uno y otro lado sobre actos de corrupción, abusos de poder, abandono y pobreza que persiste en Oaxaca y que, como cada seis años, ahora los candidatos a gobernador prometerán revertir, aunque una vez ganada la elección, todo siga igual o peor.

Twitter: @YescasIsidoro