Columna invitada

Instantáneas de discapacidad. Los sordos un sector marginado

Sobre la avenida México de la ciudad de Tepic, un grupo de personas marchamos—hace ya algunos años—para conmemorar  el “Día nacional de las personas sordas”. En esta fecha, Nayarit ocupaba, proporcionalmente, el segundo lugar con población con discapacidad; ahora, Nayarit es la entidad que presenta la prevalencia  más alta del país (8.2%).

La imagen de aquella marcha podría describirse de la siguiente forma: en primer plano, un joven de la comunidad sorda y yo sostenemos una pancarta que dice “YO (signo corazón) L.S.M.”, lo que significa “yo amo la Lengua de Señas Mexicana”. En segundo plano, detrás de nosotros, dos mujeres sostienen otra pancarta que manifiesta la reivindicación de la educación bilingüe en Nayarit.

Y aquí me detengo para cuestionar al secretario nacional de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, quien recientemente declaró que busca que México sea bilingüe en 20 años, a través de la enseñanza del inglés obligatorio en las escuelas; así mismo, aseguró que se mejorarán los materiales para apoyar a quienes tienen alguna discapacidad.

Mi cuestionamiento es si no será más urgente, importante y trascendente para nuestro país, que la lengua obligatoria sea la Lengua de Señas Mexicana (LSM).

Las cifras oficiales dan cuenta de que en el país existen 5 millones 739 mil 270 personas con discapacidad, de las cuales, 694, 451 (el 12.1% del total de la población con discapacidad) tienen dificultad para escuchar (aunque usen aparato auditivo).  De esas 694, 451, el 13.4% tienen entre 0 y 14 años; el 18.5% tienen entre 15 y 29 años; el 24.2% tienen 30 y 59 años y el 46.9% tienen más de 60 años.

Además de estos resultados, arrojados por la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica 2014 (ENADID 2014), hay otros que nos dicen que la población con discapacidad de 15 y más años, el 22.7% es analfabeta, mientras que entre las personas sin discapacidad, sólo el 5.1% lo es.

Asimismo, los datos de la ENADID, 2014, nos muestran que el porcentaje de población con discapacidad de 3 a 29 años, que asiste a la escuela (46.5%), es inferior al que no tiene discapacidad (60.5%). En lo que respecta al nivel de escolaridad predominante de la población con discapacidad es el de primaria (44.7%) y le sigue secundaria (15.3%); para el caso del nivel superior el porcentaje de la población con discapacidad triplica al de la población sin discapacidad (5.7%).

Ante esta realidad, deberíamos contar además con información respecto a la calidad educativa que las personas con discapacidad reciben, porque, por ejemplo, escuchar a jóvenes sordos recién egresados de bachillerato, manifestar que desconocen qué es un migrante o un huichol, nos da pauta para reflexionar en ello.

Según la Ley General para la Inclusión de Personas con Discapacidad, la LSM es “La lengua de una comunidad de sordos, que consiste en una serie de signos gestuales articulados con las manos y acompañados de expresiones faciales, mirada intencional y movimiento corporal, dotados de función lingüística, forma parte del patrimonio lingüístico de dicha comunidad y es tan rica y compleja en gramática y vocabulario como cualquier lengua oral”. Sin embargo, pese a que en 2003, en México, a la LSM se le reconoció oficialmente como lengua nacional, existen muy pocas escuelas que cuentan con maestros cualificados en este idioma. 

En México, las personas sordas aún no pueden acceder a una educación inclusiva, de calidad y en igualdad de condiciones con el resto de la población. 

Las palabras de Nuño Mayer resultan poco pertinentes ante este escenario desfavorable para los habitantes con discapacidad auditiva. Primero, es necesario atender a la comunidad silente mexicana y, sólo entonces, dar otros pasos hacia la superación conjunta.