Daños colaterales

Las últimas horas de Obama


Ocho años y dos presidencias después, Barack Obama deja la Casa Blanca en medio de una sentimiento generalizado de incertidumbre ante el nuevo ciclo histórico que se abre en EU –y en el mundo– con la asunción de Donald Trump. El “hombre bueno y honesto que salvará a America”, según sus seguidores y “el neonazi miserable e ignorante, payaso a tiempo parcial y sociópata a tiempo completo”, según el cineasta de Michigan, Michael Moore, una de las pocas personas que advirtieron de su  triunfo y que desde noviembre alienta la movilización nacional contra su ascenso por ser “sinónimo de tiranía, codicia y misoginia”.

Devenido en vocero de la clase obrera blanca, encolerizada y frustrada por los estragos de tres décadas de neoliberalismo, pero también de la clase media sobre todo masculina de EU que ve en riesgo su supremacía cultural y económica ante el cambio demográfico irreversible a pro de los jóvenes y las minorías raciales, Trump será esperado por decenas de miles de manifestantes que se desplazarán a Washington a fin de “aguarle la fiesta” a quien no solo amenazó con eliminar los avances sociales de la era Obama, sino que representa una grave amenaza para el futuro de la humanidad por su postura negacionista del desastre ambiental.

Pero a la par de los movimientos civiles DisruptJ20, Answer Coalition y Occupy Inauguration que han llamado a una “avalancha nacional de protestas” contra Trump, también Obama adelantó que no se quedará “inactivo” como ciudadano si su sucesor de 70 años arremete contra las minorías, silencia a la prensa o expulsa a los dreamers amparados jurídicamente por él. De hecho, Obama ha seguido legislando hasta el último minuto de su mandato que concluye este mediodía y ayer batió su récord de indultos al conmutar las sentencias de 330 presos condenados por delitos no violentos ligados con las drogas, acortando así más penas que sus 13 predecesores juntos. En total, Obama conmutó 1,715 sentencias, incluidas 568 condenas a cadena perpetua.

Dos conmutaciones sobresalieron el martes: la del soldado transexual de 28 años Bradley -hoy Chelsea- Manning, el gran filtrador de los abusos militares de EU al portal WikiLeaks de Julian Assange, y la del legendario preso Oscar López Rivera, “leyenda viviente” del independentismo en Puerto Rico, en palabras de su coterráneo Ricky Martin, quien junto a muchos otros abogó por la libertad de López, condenado en 1981 a 70 años de cárcel por conspiración sediciosa. Obama también envió ayer una última carta al Congreso culpándolo por impedir el cierre de la cárcel de Guantánamo, donde aún quedan 41 de los 800 detenidos que llegó a albergar ese centro creado por George W. Bush en 2002 como parte de su guerra al terrorismo. Trump prometió no solo “mantener” sino “ampliar” la cárcel -donde permanece el supuesto cerebro del 11-S, el paquistaní Jalid Sheij Mohammed–, y llenarla de “tipos malos”.