Daños colaterales

El libro de la semana: No todo es Trump en estos días: un regreso a Salvador Novo

Mientras la incertidumbre campea en la recta final de los comicios presidenciales del martes en EU y el FBI –junto al anarquista portal WikiLeaks de Julian Assange– le hace el juego al xenófobo magnate Donald Trump, cuyo eventual triunfo el 8 de noviembre sería la victoria de la indecencia humana y el odio fascista–, la Universidad Iberoamericana nos hizo llegar varios libros, entre ellos: "El poder suave. La clave del éxito en la política internacional", de Joseph S. Nye Jr.; "América Latina: nuevas relaciones hemisféricas e integración", de Darío Salinas Figueredo (coordinador) y "Psicoanálisis y capitalismo", un pequeño pero seductor volumen que escogimos para leer esta semana como contrapeso a la desazón.

Como afirma el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz ("¿Por qué Trump", El País, 23-10), si bien el magnate republicano "refleja un descontento justificado entre los estadunidenses más pobres, lo que propone no hará sino empeorar las cosas".

Al respecto, preferimos creer en la encuesta publicada ayer por el New York Times y la cadena CBS que otorga a Hillary Clinton 45% de votos frente a 42% para Donald Trump en el entendido de que, aún cuando estos comicios son "reñidos" como afirmó la víspera Barack Obama al exhortar a los jóvenes de la Universidad de Florida a "mover la historia en el sentido correcto", queremos imaginar que uno de los sistemas políticos más sólidos del planeta va a poder más que un inmoral "outsider".

En "Psicoanálisis y capitalismo" (Universidad Iberoamericana, Colección Las lecturas de Sileno, 2016, pp. 127) –donde también se puede abrevar para entender desde otro ángulo la lógica "oralmente" codiciosa de los mercados–, cuatro autores abordan "El plus-de-gozar, el fetichismo y la degradación del lazo social" de Daniel Gerber; "El rechazo a la imposibilidad, el empuje a gozar y otras ficciones de la época", de Greta Stecher; "Del erotismo oral al voraz goce del capitalismo. Introducción de la o(r)ealidad", de Eduardo García Silva y "Modernidad y pulsiones según Salvador Novo", por Gibrán Larrauri Olguín, quien también aporta la introducción a la obra colectiva que, en sus palabras, busca poner en evidencia la falacia del capitalismo y su ideología como ficción del "deseo resuelto".

Sobre el texto de Salvador Novo, el que más nos atrapó y que, siendo el último, le termina de dar forma a los tres precedentes, su autor reconoce que es sobre todo un homenaje a uno de los intelectuales mexicanos que más afinidad tuvo con el psicoanálisis y el discurso de su creador, Sigmund Freud en el contexto del México pos revolucionario, destacando los puntos en los que su obra se emparenta "e incluso se adelanta" a algunos planteamientos del francés Jacques Lacan.

Para el maestro Larrauri, Novo fue capaz de notar muy temprano en el siglo XX que "el capitalismo, lejos de posibilitar el deseo, como su ideología supuestamente lo pretende, más bien lo erosiona al punto de agotarlo en el lago del goce", lo opuesto a la satisfacción real.

El texto de Larrauri parte del nacimiento de Salvador Novo en la Ciudad de México en 1904, de donde fue llevado por su familia seis años después a Torreón. Ahí, en medio de la lucha revolucionaria, perdió a un querido tío y estudió la primaria en El Colegio Modelo, casi exclusivo para mujeres.

De hecho, Novo "fue uno de los cuatro niños que había en el lugar", una circunstancia que reforzó el fuerte "rodeo femenino" del autor de "La estatua de sal"; la autobiografía en la cual el fundador del teatro experimental "Ulises" –que como el protagonista homérico busca desde su condición de homosexual "un lugar donde habitar"– narra cómo su madre, Amelia, con quien Novo construyó un lazo muy estrecho, "ocupaba buena parte de su energía en empolvarle la cara, ponerle calzado más chico al que le correspondía y acicalarlo 'con devoción'".

Sobre el tema de la homosexualidad, Larrauri recuerda que para Freud resulta ser "tan normal" la homosexualidad como la heterosexualidad, o a la inversa, que es igualmente anormal ser 'homo' que 'hetero'", como abundó en su célebre "Carta a una madre americana" [un texto que debiera ser lectura obligada para la Arquidiócesis de México, decimos nosotros], en el cual el neurólogo vienés le dice que si bien la homosexualidad de su hijo "no es una ventaja, tampoco es una enfermedad ni un crimen, pues el homosexual, después de todo sufre tanto como el heterosexual en materia de inconsciente".

Citando a Carlos Monsiváis, Larrauri destaca que a raíz de la sacudida revolucionaria sufrida por la capital mexicana en los años de 1920 y 1930 adonde Novo volverá atraído por "la modernidad", la Ciudad de México "se ve parcialmente expandida en su tolerancia a la diferencia y en su inclusión de la vanguardia", de la cual será parte el poeta fundador del grupo "Los Contemporáneos", además de ensayista, dramaturgo e historiador; cuyos referentes intelectuales fueron André Gide, Oscar Wilde, Jean Cocteau y el mismo Feud.

Citando de nuevo a Monsiváis, que evoca el México de hace un siglo "mayoritariamente intolerante ante la homosexualidad" y cuando los prejuicios morales eran "el único juicio concebible", destacamos su afirmación de que Novo no solo se convirtió en el único poeta en blandir la teoría psicoanalítica como un arma en la pelea por encontrar, como André Gide o Luis Cernuda, "aceptación literaria y social para su deseo homosexual", sino que logró el espacio de seguridad indispensable "para desprender de su orientación social prácticas estéticas, estratagemas para decir la verdad, desafíos de gesto y escritura".

Esto, prosigue Monsiváis, después de desafiar a la sociedad con un maquillaje que directamente trataba de causar fisura en el gran valor de la Revolución".

Fascinado con su época, Novo fue uno de los primeros poetas en usar una máquina de escribir, apasionado de la radio y del cine, no menos que del automóvil; de ahí su participación en el periódico "El Chafirete", dedicado a la nueva legión de camioneros que poblaban la ciudad.

Citando la obra de Rubén Gallo, "Freud's Mexico", Larrauri cuenta que a Novo lo "lo excitaba la conjunción entre el bólido y el chófer, esa amalgama entre tecnología y virilidad, emblema de la nueva era". Añade que "el chófer era para él el símbolo del hombre moderno anclado a la potencia de la máquina. El automóvil era la metáfora de la movilidad y la apertura de ciertas vías inéditas hasta entonces".

Novo también se interesó desde muy temprano en "los destinos del deseo" dentro del nuevo marco legal de la sociedad que emergía de la segunda revolución social del siglo XX, y "por ello quiso ser abogado"; algo "llamativo", dice Larrauri, aunque entendible de parte de alguien "seguidamente acusado de estar al margen de la ley", como señalaba su anatomía. Y aunque no concluyó sus estudios legales oficiales, dedicó gran parte de su vida "a una querella contra el falocentrismo".

"Sin tapujos –asegura Larrauri– se puede decir que Novo fue uno de los primeros intelectuales activistas que lucharon por darle un lugar a la diferencia sexual en México".

Dice también Larrauri citando a Octavio Paz, que había en Novo una "voluntad de modernidad", que es una "voluntad de goce" expresada en una homosexualidad que no conoció "el clóset.

Y ahora a seguir asistiendo a la recta final de los pornográficos comicios en EU, donde, como afirma Novo en su emblemático ensayo "Los burdeles y la decadencia de la conversación", muchos de los millones que van a votar el martes en la dividida sociedad norteamericana, lo harán siguiendo la lógica de la "satisfacción directa y rápida". Porque "si queremos conocer en qué nos hemos convertido –añade el autor de "En defensa de lo usado"–, habría que voltear a ver el objeto que nos consume".