Daños colaterales

"La historia de los árabes", ahora que Irak se está rompiendo

El libro de la semana

 

Cuando el extraordinario historiador de Oriente Medio Albert Habib Hourani (1915-1993), nacido en Manchester de padres libaneses, publicó A History of the Arab People (La historia de los árabes), The Sunday Telegraph escribió: “Si alguien quiere comprender la complicada red de unidad y desuniones entre los distintos pueblos árabes y el surgir del fundamentalismo, tiene oportunidad de hacerlo en este libro”. Una historia, sin duda, al más alto nivel, escrita en 1991 (en español Ediciones B, Barcelona 2010), cuya reelectura hoy, cuando en Irak está haciendo implosión la caja de Pandora que se abrió en ese país con la intervención anglo-estadunidense de George W. Bush y Tony Blair, en 2003, puede resultar imprescindible. En especial para comprender tanto el desarrollo del nacionalismo árabe como la siempre compleja relación entre el islam y Occidente, atravesada por siglos de guerras de conquista.

A lo largo de más de 700 páginas y 24 capítulos, el libro abarca desde los primeros tiempos del islam, cuando Mahoma emigró durante la llamada hégira de La Meca a Medina, en 622 d.C., hasta la fecha de su publicación, poco antes de que Hourani, catedrático de Historia Moderna de Oriente Medio en Oxford, fuera sorprendido por la muerte. El dictador Sadam Husein seguía gobernando en Irak, la Autoridad Nacional Palestina aún no existía como entidad de gobierno autónomo en parte de Gaza y la Cisjordania ocupada por Israel; el primer ministro israelí Isaac Rabin (1922-1995) aún no había sido asesinado en Jerusalén por un extremista israelí, luego de haber firmado con su antiguo enemigo Yaser Arafat los Acuerdos de Oslo; como tampoco había ocurrido todavía el más dramático de los hechos del nuevo siglo, en términos de repercusión mediática, como fueron los ataques yijadistas contra Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001, con saldo de casi tres mil muertos, el mayor número de víctimas en la Unión Americana desde el final de la guerra de Secesión. Un hecho, el 11-S, que habrá de marcar como un parteaguas el primer cuarto de la historia del siglo XXI y a las nuevas generaciones en todo el planeta.

Recuerda el también experto y ensayista Malise Rutvhven, autor del epílogo de La historia… para la edición actualizada de 2010, que los 19 secuestradores suicidas que el 11-S hicieron estallar tres aviones cargados de combustible en el World Trade Center de Manhattan y en el edificio del Pentágono, cerca de Washington, eran árabes, 15 de ellos de Arabia Saudí; entrenados, además –como se confirmaría más adelante– por la red Al Qaeda (“base” o “fundación”) , financiada y dirigida por el disidente saudí, Osama bin Laden, nacido en 1957 en Riad y muerto supuestamente por la administración Obama el 2 de mayo de 2011, en Abbottabad, Pakistán.

Es importante resaltar tanto la procedencia del multimillonario Bin Laden como la del grueso de los terroristas del 11-S, ya que la monarquía y/o grupos privados de Arabia Saudí siguen teniendo un papel relevante en el financiamiento y respaldo activo de los terroristas yijadistas sunitas que están poniendo a Irak al borde de su implosión. Un tema siempre latente desde la conformación de Irak como Estado nación, al igual que las intermitentes rebeliones de los kurdos iraquíes, que desde la época de la colonización británica pretenden su independencia de Irak, y que en estas horas, al calor de la cruzada yijadista del grupo Estado Islámico (EI), iniciada el 9 de junio, buscan realizar en los próximos meses un referendo independentista en Kirkuk (noreste), pese a los exhortos de la administración Obama en pro de la unidad de Irak, segundo productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Como en la década de 1980, cuando EU, Arabia Saudí y las demás monarquías del Golfo Arábigo catapultaron a Bin Laden como paladín de la guerra santa (yijad) contra la invasión de la Unión Soviética a Afganistán, ahora es uno de los pupilos de Bin Laden llegado en los años 90 a Afganistán, el iraquí alias Abu Bakr al Bagdadi, el encargado de desafiar el poder central en Irak, de mayoría chiita, surgido de la infausta invasión de EU de 2003-2011 que derrocó al tirano sunita, antiguo aliado de EU, Sadam Husein. El domingo pasado, Al Bagdadi (“el de Bagdad”), anunció la creación de un “Califato Islámico” en las regiones de Irak y Siria bajo su control, como en los tiempos del profeta Mahoma y su primer califa, Abu Bakr –de quien el nuevo líder de Al Qaeda ha tomado su nombre.

Fue tras la muerte de Mahoma, en el año 632, cuando Abu Bakr, reconocido por su calidad humana y su fe entre la comunidad islámica, de hecho “el mejor de los compañeros del Profeta” en la edad de oro del islamismo, fundó en el actual Irak y el Levante sirio el único califato reconocido por los herederos de Mahoma, luego de lo cual una guerra civil (fitna) dividió en tres a la comunidad musulmana: los suníes, mayoritarios en el mundo árabe; los chiitas (mayoritaria solo en Irán e Irak) y los jariyíes, opuestos a las otras dos corrientes.