Daños colaterales

Eduardo Galeano y México en "Los hijos de los días"/I de II partes

En 2012, luego de once revisiones a su libro, que sumaría finalmente 430 páginas, Eduardo Galeano publicó con su sello, Siglo XXI Editores, "Los hijos de los días", su obra número 16 que confirmó la convicción del autor del best-seller "Las venas abiertas de América Latina", "Vagamundo y otros relatos", "La canción de nosotros" y "Días y noches de amor y de guerra", de que podemos, como afirma la ciencia, estar "hechos de átomos, pero también estamos hechos de historias".

El libro abarca los días del año, 366, considerando un año bisiesto, y para cada día, al que Galeano dedica una página, el narrador recrea una historia fidedigna referida a grandes hechos universales y también a grandes –o no tanto– héroes de la humanidad; historias narradas con el característico humor del también periodista uruguayo, fallecido el lunes en Montevideo de un cáncer de pulmón a sus 74 años.

El calendario de Galeano se inspira en el Génesis según los mayas y del también autor de "El libro de los abrazos", "Memoria del fuego" –una trilogía escrita en el exilio que le llevó diez años: "Los nacimientos", "Las caras y las máscaras" y "El siglo del viento"–  elegimos para compartir con los lectores los alusivos en su mayoría a México –que ocupa un lugar destacado en el volumen– salvo dos o tres que no quisimos dejar fuera:

Enero 1. Hoy. Hoy no es el primer día del año para los mayas, los judíos, los árabes, los chinos y otros muchos habitantes de este mundo. La fecha fue inventada por Roma, la Roma imperial, y bendecida por la Roma vaticana, y resulta más bien exagerado decir que la humanidad entera celebra el cruce de la frontera de los años. Pero eso sí, hay que reconocerlo: el tiempo es bastante amable con nosotros, sus fugaces pasajeros, y nos da permiso para creer que hoy puede ser el primero de los días, y para querer que sea alegre como los colores de una verdulería.

Enero 20. Sagrada serpiente. En 1585, en su tercer concilio, los obispos de México prohibieron que se pintaran o esculpieran serpientes en los muros de las iglesias, en los retablos y en los altares. Para entonces, los extirpadores de la idolatría ya habían advertido que esos instrumentos del Demonio no provocaban repulsión ni espanto entre los indios. Los paganos adoraban a las serpientes. Las serpientes habían sido desprestigiadas, en la tradición bíblica, desde aquel asunto de la tentación de Adán, pero América era un cariñoso serpentario. El ondulante reptil anunciaba buenas cosechas, rayo que llamaba a la lluvia, y en cada nube vivía una serpiente de agua. Y era una serpiente emplumada el dios Quetzalcóatl, que por los caminos del agua se había ido.

Febrero 11. No. Mientras nacía el año 1962, una desconocida banda musical, dos guitarras, un bajo, una batería, grabó en Londres su primer disco. Los muchachos regresaron a Liverpool y se sentaron a esperar. Contaban las horas, contaban los días. Cuando ya no les quedaban uñas por comer, un día como hoy recibieron la respuesta. La Decca Recording Company les decía, francamente: "No nos gusta su sonido". Y sentenciaba: "Las bandas de guitarra están desapareciendo". Los Beatles no se suicidaron.

Marzo 9. El día que México invadió a los Estados Unidos. En esta madrugada de 1916, Pancho Villa atravesó la frontera, incendió la ciudad de Columbus, mató a algunos soldados, se llevó unos cuantos caballos y municipios y al día siguiente regreso a México, para contar su hazaña. Esta fugaz incursión de los jinetes de Pancho Villa fue la única invasión que los Estados Unidos sufrieron en toda su historia. En cambio, este país ha invadido y sigue invadiendo a todo el mundo. Desde 1947, su Ministerio de Guerra se llama Ministerio de Defensa, y su presupuesto de Guerra se llama presupuesto de Defensa. El nombre es un enigma más indescifrable que el misterio de la Santísima Trinidad.

Abril 13. No supimos verte. En el año 2009, en el atrio del convento de Maní de Yucatán, cuarenta y dos frailes franciscanos cumplieron una ceremonia de desagravio a la cultura indígena: "–Pedimos perdón al pueblo maya, por no haber entendido su cosmovisión, su religión, por negar sus divinidades; por no haber respetado su cultura, por haberle impuesto durante muchos siglos una religión que no entendían, por haber satanizado sus prácticas religiosas y por haber dicho y escrito que eran obra del Demonio y que sus ídolos eran el mismo Satanás materializado". Cuatro siglos y medio antes, en ese mismo lugar, otro fraile franciscano, Diego de Landa, había quemado los libros mayas, que guardaban ocho siglos de memoria colectiva.

Abril 18. Ojo con él. Hoy murió, en 1955, Albert Einstein. Hasta este día, y durante veintidós años, el FBI, Federal Bureau of Investigations, intervino su teléfono, leyó sus cartas y revisó sus tachos de basura. Einstein fue espiado porque era espía. Espía de Moscú: eso decía su frondosa ficha policial. Y también decía que él había inventado un rayo exterminador y un robot capaz de leer la mente humana. Y decía que Einstein "fue miembro, colaborador o afiliado de treinta y cuatro frentes comunistas entre 1937 y 1945, dirigió honorariamente tres organizaciones comunistas, y no parece posible que un hombre con estos antecedentes pueda convertirse en un leal ciudadano americano". Ni la muerte lo salvó.  Siguió siendo espiado.  Ya no por el FBI, sino por sus colegas, los hombres de ciencia, que cortaron su cerebro en doscientos cuarenta trocitos y los analizaron en busca de la explicación de su genio. No encontraron nada. Ya Einstein había advertido: "–Lo único que yo tengo de anormal es mi curiosidad".