Daños colaterales

Yo también disparé un Kalashnikov

Fue en Nicaragua, durante la heroica aunque finalmente fallida Revolución sandinista de los años 80, cuando disparé el célebre fusil ruso Ak47, cuyo inventor, el ingeniero Mijail Kalashnikov, falleció ayer en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Ijevsk, en Udmurtia, los Urales, donde había sido internado por su hijo Víctor el 18 de noviembre luego de festejar en familia, el día 10, su cumpleaños número 94.

“La fiesta lo agotó”, explicó en esa ocasión su hijo, quien no se separó de su padre hasta su deceso, convertido en el inventor del “arma perfecta”, no solo “para defender la patria”, como repetía él sobre el Ak47 —acrónimo de Avtomat Kalachnikova 1947—, patentado en 1947, al cabo de la Segunda Guerra Mundial, pero asimilado al ejército ruso dos años después.

En 2009, cuando cumplió 90 años, el antiguo campesino de los Urales e ingeniero militar multicondecorado por el Kremlin, dijo con orgullo que había “creado armas para defender nuestra sociedad”, la entonces URSS, aunque aclaró que “no es agradable ver que todo tipo de criminales disparan con mis armas”. 

Un cálculo conservador cifra en 100 millones los fusiles vendidos a los ejércitos de unos 50 países desde el estreno del AK47 hace 66 años, aunque podrían ser muchos más si se incluyen todas las armas y modelos producidos sin licencia.

La llamada “arma automática más exitosa del mundo” fue producida en la antigua fábrica Ijmach, en Ijevsk. La fábrica llevará ahora el nombre de Kalashnikov, quien siempre culpó a los nazis por haberlo desviado de su verdadera vocación: la ingeniería agrícola.

Por cierto, Ijmach sigue siendo una de las principales fábricas de armas de fuego rusas y es posible que de ahí haya partido el cargamento que con 20 mil AK47 embarcados desde Ucrania en el carguero Nour M con bandera de Sierra Leona, fue detenido este sábado, mientras Kalashnikov agonizaba en Ijvesk, por la guardia costera de Grecia cerca de la isla de Rhodas. Se cree que el destino final era Siria.

Sobre mi vínculo con el fusil más popular del mundo, lo probé disparando al cielo su carga de 30 balas en una Nochebuena en Managua, como solía entonces la gente celebrar la Navidad en Nicaragua…