Daños colaterales

Los “derechos humanos”: otra forma de injerencia de EU

El libro de la semana

 

En 1988, el periodista e historiador argentino Gregorio Selser publicó un libro que cobra hoy renovada actualidad con las resoluciones de la administración Obama respecto de Venezuela y el manejo interesado que la Casa Blanca busca hacer de la próxima Cumbre de las Américas, el 10 y 11 de abril en Ciudad de Panamá, buscando imponer una agenda a la región que incluya la adhesión incondicional a su nueva “guerra ilimitada” contra el “extremismo violento” que, de concretarse, colocaría a América Latina a la cola de la nueva carrera armamentista de Washington.

Se trata de la obra El Documento de Santa Fe, Reagan y los Derechos Humanos (Alpa Corral, México, pp. 218), donde el también catedrático de la UNAM, experto en las relaciones América Latina-Estados Unidos, desmitifica una de las fantasías más comunes de la literatura política mundial: que Washington “es el campeón indisputable de la causa de los derechos humanos y de la libertad de expresión”.

Selser (Buenos Aires, 1922-México, 1991), con medio centenar de libros en su haber –entre ellos su obra cumbre, la póstuma Cronología de las Intervenciones Extranjeras en América Latina (1776-1990), cuatro volúmenes que suman 2,500 cuartillas donde se detalla día por día, país por país y rubro por rubro durante 214 años las al menos 3,000 intervenciones de EU y otras potencias en el subcontinente, ya sean militares, económicas, políticas, diplomáticas, etcétera. A Selser le llevó 36 años sistematizar ese registro enciclopédico, cuya precisión y solidez impiden hablar a la ligera sobre el intervencionismo norteamericano en su antiguo “patio trasero”, que por lo visto Barack Obama, a nombre del complejo militar-industrial de EU, está decidido a recuperar.

El Documento de Santa Fe... contiene el cuerpo de recomendaciones hechas al republicano Ronald Reagan (1981-1989) por asesores ultraconservadores, quienes delinearon lo que serían los aspectos básicos de la futura actuación de EU en lo interno e internacional; en esencia, una “agresiva política de ‘roll-back’ esto es, de recuperación de espacios políticos, geográficos y estratégicos supuestamente perdidos por la débil y obsequiosa conducta” de su predecesor, el demócrata James Carter.

En el tema de los derechos humanos, Reagan sentó un precedente al actuar “por omisión”: “Simplemente –afirma Selser– no se incluía en las tablas del terrorismo de Estado a países amigos y aliados como Filipinas, Corea del Sur, Taiwán, Turquía, Haití, África del Sur, Israel o Indonesia”, por citar algunos casos de la época; estableciéndose “dos patrones de mediación distintos para los mismos crímenes de lesa humanidad, según se tratase de gobiernos ‘amigos’ o ‘enemigos’. Para los primeros el discreto silencio, la reducción en la calificación de sus delitos, la gestión disuasoria reservada y la ausencia de castigo; para los segundos la publicidad restallante, la exposición infamante ante la picota pública universal y la apelable condena”.

“Así –añade Selser– se fue implantando la base de la línea táctica de Washington: la cínica dualidad entre las declaraciones públicas y la política real, y el uso de poner la cuestión de los derechos humanos al servicio de dicha política”; lo cual sirvió para explicar “el nacimiento y permanencia de las dictaduras militares y civiles en Iberoamérica, Asia y África, y la bárbara aplicación del terrorismo de Estado en Uruguay, Argentina, Chile y Brasil”.

Selser identificó los principios tácticos que caracterizaron a partir de Reagan la política de EU sobre los derechos humanos al nivel internacional, mismos que siguen vigentes hasta hoy:

- Aceptar como potencia “un mínimo de compromisos” internacionales.

- “Desentenderse de la concepción amplia del conjunto de derechos humanos, implantados por la comunidad internacional y enumerados en los documentos básicos de la ONU, insistiendo en su concepción estrecha de esos derechos, para tomar a su antojo sólo aquellos tópicos que les pueden aportar dividendos políticos.”

- “Presentarse en calidad de campeón de los derechos del hombre en todo el mundo, adjudicándose la potestad de sermonear a otros pueblos, al tiempo que evita discusiones en torno a la situación de los derechos” dentro de EU; y

- “Hacer uso de las cuestiones de los derechos humanos con fines de confrontación; someter el tema a finalidad no tanto humanitarias, como a la política global propia; evitar la crítica de los regímenes tiránicos que violan los derechos humanos si aquellos son sus aliados y amigos.”