Daños colaterales

Después de Irán, EU debe salvar a Siria

En nuestro comentario anterior ("Netanyahu: nueva legislatura entre Irán y la CPI", 01-04) dijimos que, una vez que el presidente Barack Obama lograse pactar con Irán y el grupo 5+1 un acuerdo nuclear con Teherán –la primera parte del cual fue acordado ayer en Suiza junto con China, Rusia, Francia, Gran Bretaña y Alemania–, éste iba a buscar reanudar los contactos con el presidente sirio Bashar Asad a fin de concluir la guerra en su contra pese al amplio aliento que desde 2013 le insuflaron tanto la CIA como las principales potencias europeas al amparo de la primavera árabe, según el modelo aplicado con éxito en la Libia del más tarde derrocado y asesinado dictador Muamar Gadafi.

El periodista francés Thierry Meyssan comparte con otros analistas europeos esta visión sobre la necesidad de EU de volver a acercarse a Siria y en su reciente artículo "El futuro del Medio Oriente" (www.voltairenet.org, 02-03) plantea que, al cabo de dos años de políticas incoherentes, Washington está tratando de lograr un consenso sobre lo que debería ser su política en los siguientes dos años en el "Oriente Medio ampliado".

Tras enumerar una serie de factores a partir de la evolución de los acontecimientos en los últimos meses, en primer lugar la irrupción del grupo sunita terrorista Estado Islámico (EI) en Irak y Siria y su expansión en el norte de África y el Golfo Arábigo, Meyssan prevé una serie de hechos, el primero de los cuales ya se cumplió, mismos que describe con un toque de ironía: "Dentro de unos meses, quizás incluso hacia finales de marzo, Washington y Teherán llegarán a un acuerdo global.

Estados Unidos reanudará los contactos con Siria, seguido de cerca por los Estados de Europa, incluyendo a Francia. Se descubrirá entonces que el presidente Asad no es un dictador, ni tampoco un torturador. Y a partir de ese momento comenzará el fin de la guerra contra Siria, mientras que una verdadera coalición internacional se dedicará a reducir la envergadura de las fuerzas yihadistas. Y cuando acabe todo, la CIA se encargará de enviar a los yihadistas sobrevivientes al Cáucaso ruso o la región china de Xinjiang".

Convencido, como otros expertos en terrorismo en el mundo, de la factura made in CIA del grupo criminal sunita Estado Islámico, como en su momento lo fue de Osama bin Laden y la red Al Qaeda contra la intervención rusa en Afganistán, en la década de 1980, Meyssan asegura en otro texto que "abrumada y sorprendida por el fulgurante desarrollo" del EI, la CIA será incapaz de "manejar el cataclismo" que involuntariamente ella misma ha provocado en el Levante.

Para el analista ("La CIA se ve desbordada ante el inesperado apoyo de civiles al Emirato Islámico", www.volteairenet.org, 16-03), si bien la intención de la Agencia cuando creó a Al Qaeda y posteriormente al EI fue "disponer de cierta cantidad de mercenarios que utilizaría en la realización de misiones que ella misma no podía reconocer como propias, (...) nunca imaginó que los civiles podían llegar a tomar en serio la fraseología barata que sus expertos inventaron para redactar los comunicados de esos grupos yihadistas. De hecho nadie dio importancia al galimatías de Osama bin Laden, cuando afirmaba que la presencia de los militares no musulmanes de la OTAN en suelo saudita, durante la operación Tormenta del Desierto, era un sacrilegio que exigía reparación".

Dice Meyssan que, tanto en Libia como en Siria, él mismo observó que la ideología de los civiles que apoyaban antes a Al Qaeda y que hoy apoyan al EI, "sin mediar en ello móviles financieros", se resume "en el deseo de retornar a una época de orígenes míticos, la de los camelleros de una Arabia de la Edad Media. Y la CIA, que provocó la aparición de esa 'ideología', no supo entender la fuerza de lo que estaba fabricando ni seguir su expansión".

"Ni siquiera –añade– se trata en este caso del clásico boomerang que regresa y golpea a quien lo lanzó, dado que el EI no se ha vuelto contra la CIA. Se trata más bien de la transformación de un grupúsculo terrorista en un Estado y del triunfo, entre algunos sectores de la población, de una retórica ridícula".

"Organizar un golpe de Estado y manipular a las masas para que apoyen una organización terrorista son dos cosas muy diferentes", recuerda Meyssan, cuyos pronósticos sobre la anunciada reestructuración de la CIA a partir precisamente de la irrupción del EI en el Levante son también bastante pesimistas.

Buscar la destrucción del EI coordinando bombardeos aéreos de EU con el uso de tropas aliadas en tierra, incluyendo grupos de la "oposición siria moderada" –que ya no existe, por cierto– es una de las seis opciones que, según Meyssan, se discuten actualmente en Washington, incluso la variante de salvar al gobierno sirio de Asad. Pero, agrega, "aun suponiendo que se llegase a crear una 'oposición siria moderada', resulta imposible imaginar de qué manera la US Air Force lograría acabar con el Estado Islámico cuando ya fue incapaz de destruir a los talibanes en Afganistán en 13 años de guerra contra ellos, sin entrar a mencionar lo sucedido durante la intervención militar de EU en Somalia o el actual estancamiento de las tropas de Francia en Mali".

A propósito de Afganistán, ya anunció la Casa Blanca (24-03) que EU mantendrá en el país centroasiático los 9,800 soldados que actualmente se encuentran ahí hasta fines de 2015, en lugar de reducir esa cantidad a la mitad como estaba originalmente planeado (5,500); mientras que la masacre cometida ayer tras una toma de rehenes de 12 horas de al menos 147 estudiantes en la universidad de Garissa, en el sureste de Kenia, por islamistas shebab de la vecina Somalia afiliados a Al Qaeda, solo confirma la dimensión de la "catástrofe", la cual también se avecina en Yemen, el país más pobre del Golfo Arábigo, donde también la víspera, aprovechando el caos reinante por la ofensiva de los chiitas hutis que están siendo bombardeados por la aviación de Arabia Saudí, el brazo de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) atacó la ciudad de Mukalla y su prisión central, liberando a más de 300 detenidos, entre ellos uno de sus jefes, Jaled Batarfi, preso desde hacía más de cuatro años.