Daños colaterales

El círculo vicioso Israel-Hamás/y último

Los Acuerdos de Oslo (1993) disponen que los Territorios Palestinos, es decir Cisjordania (5 mil 640 km2, 1.9 millones de habitantes junto al río Jordán) y la Franja de Gaza (360 km2, 1.8 millones sobre el Mediterráneo) “son un sola y única entidad jurídica”, aunque separadas por el Estado de Israel. Según la ONU, éste sigue ocupando la pequeña Franja, si bien el Ejército israelí se retiró de ahí en 2005 y desalojó las colonias. También la organización civil israelí Gisha, citada por el especialista en Oriente Medio Benjamin Barthe (Le Monde, 18-07), considera que “el Estado  israelí sigue controlando sectores enteros de la vida de los gazatíes: registro civil, aguas territoriales, espacio aéreo y la única terminal comercial”.

En septiembre de 2007, el gobierno de Ehud Olmert declaró a Gaza “territorio hostil” y agudizó el bloqueo , tras la toma de control de Gaza por el movimiento Hamás, que en 2006 ganó 74 por ciento de las bancas del Parlamento palestino, dejando en situación de franca minoría al movimiento moderado Al Fatah, que gobierna Cisjordania con Mahmud Abás a la cabeza y reconoce el derecho de Israel a existir.

Así, desde 2007, los gazetíes viven encerrados como en Numancia, en esa ratonera en la que se ha convertido su infernal pedazo de tierra, donde la ocupación israelí dio el motivo para el surgimiento de Hamás.

Fundado en 1987 por el jeque Ahmed Yasín, el Hamás (“fervor” en árabe y acrónimo de Harakat al Muqawama al Islamiya=Movimiento de Resistencia Islámico) se declara  “yijadista, nacionalista e islámico”. Su meta: crear un Estado islámico en la región histórica de Palestina (mandato británico), que comprendería los actuales Israel, Cisjordania y Gaza.

Según Barthe —y las fuerzas pro paz en Israel— solo es posible romper el círculo de la guerra “relanzando el proceso de paz”. Pero “no un proceso de extorsión regido por la ley del más fuerte”, como la mayoría de los escenarios de negociación desde Oslo, sino “conversaciones en pie de igualdad, con el derecho internacional como referencia”. Pero, de ser cierta la afirmación que el sitio Times of Israel le adjudicó a Netanyahu (11-07), “categóricamente opuesto a la creación de un Estado palestino”, su “franqueza” no tendría nada que envidiarle a la carta fundacional anti-Israel del Hamás.