Daños colaterales

La caída de EU, según Paul Kennedy y el FMI

El libro de la semana

 

Por primera vez en la historia, el FMI de Christine Lagarde redujo esta semana el potencial de crecimiento de EU a largo plazo, debido a tres causas: el envejecimiento de la población norteamericana, una productividad más moderada y el acuciante problema de la pobreza, que afecta a 50 millones en Estados Unidos.

El dictamen, presentado por Lagarde en Washington el lunes 16, es parte del informe anual del organismo sobre el estado de la primera economía del mundo, que registra además un elevado desempleo a largo plazo, salarios estancados —el sueldo mínimo en EU es de 7.70 dólares/hora, uno de los más reducidos de las economías desarrolladas— y una participación de la fuerza laboral que se mantiene muy por debajo de lo que podría explicarse por los factores demográficos, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Lagarde también destacó otro ángulo muy grave, y es la incidencia directa que en las últimas dos décadas está teniendo el clima cada vez más extremo sobre el desempeño del país: “Que un duro temporal afecte el crecimiento económico nos envía un mensaje, este clima extremo se ha repetido cada vez con mayor frecuencia en los últimos 20 años, y por ello es muy importante hacer frente al cambio climático”, expresó.

Un informe que, más bien, pareció extraído del clásico libro Auge y caída de las grandes potencias, del eminente historiador británico Paul Kennedy (1945), experto en relaciones internacionales, quien en 1988, a lo largo de 800 páginas, hace un recorrido de 500 años de rivalidad económica y militar de las principales potencias, desde el siglo XV al XX, como por ejemplo la España imperial de 1600 o el Imperio británico de 1900.

De hecho, es posible que el politólogo estadunidense de origen japonés Francis Fukuyama (Chicago, 1952) haya escrito su controvertido libro El fin de la historia y el último hombre (1992) no solo como una reivindicación de la ideología y la economía del libre mercado tras la debacle aún fresca de la Unión Soviética (URSS, 1921-1991), sino también en respuesta a la decadencia del imperio estadunidense que Kennedy anticipa con maestría en su libro, a pesar, dice, de los avances incesantes en la ciencia y la tecnología.

Esencial como para releer en estos días, el libro Auge y caída… (en español en Plaza & Janés) fue escrito por Kennedy hace 25 años, cuando todavía el mundo era bipolar y EU y la URSS eran las potencias regentes —en un segundo rango China, Japón y la Europa comunitaria, la CEE, el antecedente de la Unión Europea. No obstante, de EU, Kennedy advierte que el país corría el riesgo “de lo que podríamos llamar toscamente ‘excesiva extensión imperial’”, queriendo decir con esto que los que toman las decisiones en Washington “deben aprender a enfrentarse con el desagradable y perdurable hecho de que la suma total de los intereses y obligaciones mundiales de los Estados Unidos es hoy mucho mayor que la capacidad del país para defenderlos todos simultáneamente”. 

Un escenario que se hizo manifiesto al término de la escandalosa e inservible intervención militar de EU en Irak, a instancias de la doble administración de George W. Bush (2001-2009); una guerra que fue concluida hace escasos 30 meses por Barack Obama, pero cuyos efectos se están viendo a cabalidad ahora, con un país —el cuarto productor mundial de petróleo— a riesgo de desintegrarse; lo cual confirma, asimismo, otras valoraciones de Kennedy. Por ejemplo, cuando en alusión a Oriente Medio y sus crisis y guerras recurrentes, describe cómo junto a los Estados árabes de tendencias generalmente pro occidentales (Egipto, Arabia Saudí, Jordania, los emiratos del Golfo Arábigo) surge la presión de sus propios fundamentalistas islámicos en zona ciertamente muy importante para EU, pero, a la vez, “asombrosamente resistente a cualquier opción política sencilla”.

Frente a los vaticinios que hoy se confirman sobre el declive de EU como potencia económica, por razones que coinciden con el informe del FMI —rezago productivo, pobreza, bajos salarios, envejecimiento demográfico, afectación del clima— Kennedy avizora el auge de China y su “acción equilibradora” a escala internacional —pensemos en el reciente acuerdo estratégico de energía entre Moscú y Pekín para las próximas tres décadas, que para algunos analistas supone el inicio del mundo multipolar—, ya que, decía Kennedy, “pese a ciertas dificultades crónicas, el actual liderazgo chino [Deng Xiaoping] parece estar desarrollando una gran estrategia más coherente y previsora que las que prevalecen en Moscú, Washington o Tokio, por no hablar de Europa occidental”.

La República Popular China era entonces  “la más pobre de las potencias importantes” y hoy, la segunda economía del planeta, con visos de superar a la de EU en el corto plazo.