Daños colaterales

2014: buenos augurios para la democracia de AL /I

 “Solo los sistemas electorales confiables serán capaces de neutralizar la polarización política y atajar la violencia”

Un texto a propósito de la importancia toral del pluralismo para sacar a nuestros países del atraso y la miseria fue publicado en estos días por el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, ex vicepresidente de Nicaragua durante la revolución sandinista: “Morará el lobo con el cordero” (La Prensa, 09-01-14).

En él, Ramírez analiza la gran cosecha electoral que tiene deparado 2014 a América Latina con comicios generales en Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Uruguay, donde más allá de las particularidades de cada elección sobre las fuerzas que disputan el poder, hay, dice Ramírez, “un denominador común que hoy puede parecer irrelevante, pero que en verdad no lo es: la transparencia con que se cuentan los votos”.

Solo dos ejemplos recientes evoca el escritor, Honduras y Nicaragua, donde las denuncias de fraude “de poca fuerza” en el primer caso, pero “pasmosamente reales” en el segundo, han ensuciado el nuevo escenario regional de respeto a las reglas del juego democrático con la generalización de gobiernos civiles legítimamente electos y la alternancia en el poder basado en el pluralismo político, en lugar de los aún no tan lejanos golpes de Estado, dictaduras militares y fraudes electorales.

En su extenso análisis, el autor de Margarita, está linda la mar (premio Alfaguara de Novela 1998) y El cielollora por mí, entre muchos otros títulos, repasa los avances de la democracia en los últimos 15 años en el área que deseamos compartir en apretada síntesis, a saber:

1) Progreso de la institucionalidad electoral, sin la cual la viabilidad democrática no sería posible.

2) Ruptura del monopolio político compartido generalmente entre dos partidos tradicionales como es el caso de Uruguay, Venezuela, Costa Rica y —añadimos nosotros— Honduras, y la aparición de nuevas formaciones en representación de fuerzas sociales emergentes.

3) Espacios de representación en el sistema democrático, incluso en el poder —El Salvador, Uruguay—, de organizaciones que un día empuñaron las armas, y 4) Anulación, gracias a esos nuevos espacios, de la polarización ideológica que un día llevó a la violencia, y que se traduce a su vez en nuevos espacios de convivencia basados en la moderación mutua.

Para Ramírez, que atribuye la convivencia entre derechas e izquierdas a que ambas se han alejado de los extremos “y se acercan al centro”, en el futuro inmediato “solo los sistemas electorales confiables serán capaces de neutralizar la polarización política y atajar la violencia”.