Daños colaterales

Tras 54 años, los "marines" vuelven a Cuba...

Con la presencia de los tres infantes de Marina, Mike East, Larry Morris y Jim Tracey que el 4 de enero de 1961 arriaron la bandera de la barra y las estrellas de la embajada de EU en Cuba, el canciller estadunidense, John Kerry, reabrirá oficialmente hoy su sede en la Mayor de las Antillas. Y, para muchos, la insignia que volverá a ondear a 90 millas de la Florida será la cereza del pastel del cumpleaños número 89 que el ex presidente Fidel Castro celebró ayer con la certeza de haber vencido —pese a un costo elevadísimo, mayor a los 100 mmdd— la política de cerco que aplicaron sin éxito una decena de administraciones en Washington. Política que, en aras de intentar doblar a la revolución de 1959, no solo mantuvo en el atraso a la economía y al pueblo cubanos, sino que separó a las familias y sirvió de justificante a la represión interna.

El tema de los costos del bloqueo —que EU busca suavizar al llamarlo “embargo”— es uno de los grandes pendientes en el restablecimiento de relaciones entre los presidentes —a cual más pragmático— Raúl Castro y Barack Obama, junto a la devolución de los casi 118 km2 del territorio de Guantánamo, usurpado a Cuba en 1903 por la Enmienda Platt y donde desde 2001 opera la también ilegal prisión del Pentágono para los presos reales y/o supuestos del terrorismo de George W. Bush. A su vez, EU reclama a Cuba más de 7 mmdd  en indemnizaciones por la nacionalización de empresas.

Los tres marines, hoy jubilados, no han podido ocultar a la prensa su entusiasmo ante su regreso a la isla, donde hoy serán sin duda las estrellas de la ceremonia del izado de la bandera, una distinta a la de 1961, pero con la cual y en sus palabras se busca poner fin a la “barrera económica e ideológica” levantada por EU en 1960, en medio de la guerra entre Moscú y Washington por imponer el “pensamiento único” que, por cierto, ninguna de las dos potencias ganó.

Como escribimos hace 18 meses (“1962-2014: Al final, Cuba vence a la OEA”, 28-01-14), cuando el ex titular de la OEA, José Inzulza, se hizo presente en La Habana, a medio siglo de distancia, junto con Cuba “una nueva América Latina logró poner a la Historia en su lugar.”