Daños colaterales

Ucrania aún no sale de la "guerra fría"

La cumbre de Vilna, en la capital de Lituania, el último jueves y viernes de noviembre, no bastó para que la Unión Europea (UE) atrajera finalmente a Ucrania al seno de la Asociación Oriental, ese concepto geopolítico y económico creado por la UE en 2009 para acercarse a las antiguas seis ex repúblicas soviéticas, Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania. Y es que una semana antes de la cita de Vilna el 28-29 de noviembre, el presidente de Ucrania, Víctor Yanucovich, terminó cediendo a las presiones de su par ruso Vladimir Putin y en un giro inesperado anunció el día 21 que congelaba el Acuerdo de Asociación con la UE, que no es una integración plena al bloque de los 28, aunque sí una ligazón económica en forma de TLC y un acercamiento político según la Política de Vecindad diseñada por la UE para sus vecinos de los cuales solo Georgia y Moldavia han decidido asociarse (en 2014).

Ante el fracaso de Vilna, la jefa del gobierno alemán Angela Merkel invitó —sin nombralo— a Putin a superar en Ucrania “las lógicas excluyentes de la guerra fría”.

Para el movimiento opositor, dividido por luchas internas pero unido en su meta pro europeísta, lo que está en juego en la Plaza de la Independencia, conocida como “Maidan”, es el rumbo del país como ocurrió con la Revolución Naranja de 2004, protagonizada por algunos de los personajes de la historia de hoy, entre ellos el mismo presidente pro soviético Víctor Yanucovich, entonces candidato oficial a los impugnados comicios de octubre de ese año, que terminaron en un nuevo llamado a las urnas antelas masivas protestas en Maidan contra el denunciado fraude.

La victoria final se la atribuyó su principal rival en las urnas, el candidato pro occidental Víctor Yushckenko, elegido presidente pese a su rostro desfigurado con dioxina, un poderoso veneno cuya sospecha recayó naturalmente sobre círculos pro rusos opuestos a su victoria.

Y si faltaba Estados Unidos en esta nueva crisis de identidad de Ucrania, disputada como antaño entre el Este y el Oeste,  ayer la Casa Blanca salió al paso de las acusaciones del primer ministro Nicolai Azarov, quien poco antes había tildado de “intento de golpe de Estado” las protestas de la oposición y “de quienes están detrás”. El vocero de Obama, Jay Carney, tomó el guante y negó que las protestas sean “un signo de golpe”. Aunque es posible que hoy en el parlamento caiga Azarov.