Daños colaterales

Solo falta que EU se “autoatente” en Caracas

Si Venezuela estuviera junto a las cataratas del Iguazú, en la llamada Triple Frontera de Brasil, Argentina y Paraguay, donde conviven, además de lugareños, miles de inmigrantes europeos, coreanos, chinos y árabes, le sería más fácil a la CIA causar otro muy quirúrgico “atentado yihadista” como el ocurrido en enero en París contra la plana mayor de Charlie Hebdo, y demostrar así lo que el maestro Gregorio Selser llamaba la “profecía autocumplida”: en este caso, que la Venezuela de Nicolás Maduro sí representa una “amenaza para la seguridad nacional” de EU como afirmó —y firmó— peligrosamente el lunes el cada vez decorativo presidente Barack Obama, por lo que “actuar es hoy un imperativo”.

Pero Venezuela no está en la Triple Frontera, por lo que nadie podrá sorprenderse si, como advierte el politólogo argentino Atilio Borón, Obama “autoriza una operación secreta de la CIA o de algunos de los servicios de inteligencia o las propias fuerzas armadas contra algún objetivo sensible de EU en Venezuela. Por ejemplo, la embajada en Caracas. O alguna otra operación truculenta contra civiles inocentes y desconocidos, como lo hiciera en el caso de los ‘atentados terroristas’ que sacudieron a Italia —asesinato de Aldo Moro (1978);  bomba en la estación de trenes de Bologna (1980)— para crear el pánico y justificar la respuesta del imperio llamada a ‘restaurar’ la vigencia de los derechos humanos, la democracia y las libertades públicas”. (www.pagina12.com.ar, “Preparando la agresión militar a Venezuela”, 10-03).

Y aunque años más tarde se confirmó que esos y muchos otros crímenes, incluso decenas de golpes de Estado, habían sido orquestados por la CIA, lo cierto es que los mismos cambiaron el curso de la historia en función, invariablemente, de los intereses de EU.

Esto sin olvidar lo que observó el representante para América Latina del organismo internacional Crisis Group, Javier Ciurlizza (EFE): que las sanciones unilaterales “no van a resolver por sí mismas el problema de la crisis en Venezuela, y en muchas otras partes del mundo han probado ser contraproducentes ya que alientan el discurso radical y antiimperialista, distrayendo la atención de los verdaderos problemas”.