Daños colaterales

Mientras Snowden lee a Dostoievski y aprende ruso...

Muy probablemente, el daño causado a EU por el informático estadunidense Edward Snowden con sus revelaciones sobre los métodos y el alcance del ciberespionaje realizado contra propios y extraños por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), sea ya mayor al infligido por el soldado Bradley Manning y el periodista australiano Julian Assange, quienes divulgaron más de 700 mil documentos de política exterior y militar de Washinton desde la segunda mitad del siglo XX a la fecha.

Esto, al menos, por el tenor de las reacciones de los principales líderes mundiales, entre ellos Angela Merkel y la brasileña Dilma Rousseff —a nombre de la séptima economía mundial—, que exigieron directamente al presidente Obama una explicación de las escuchas que irían desde sus celulares hasta sectores estrátegicos del país.

Como Dilma el pasado 17 de septiembre, cuando indignada decidió postergar su visita de Estado a Washington que tendría que haberse realizado ayer, la jefa del Estado alemán no se anduvo con vueltas y le advirtió por teléfono a Obama que tales prácticas, de comprobarse la veracidad de las informaciones divulgadas por el semanario Der Spielgel, “son totalmente condenables y absolutamente inaceptables.

“Sería un grave abuso de confianza. Esas prácticas deben concluir de inmediato”, añadió Merkel, quien de paso le recordó ayer a Obama que aún estaban pendientes los pedidos de información sobre las sospechas de espionaje hechos por Berlín en junio, cuando Snowden (31), ahora asilado en Rusia, comenzó a divulgar desde Hong Kong a través del Guardian de Londres cómo operaba el programa Prism de la NSA.

La red de espionaje incluye hasta ahora a América Latina con énfasis en Brasil, México y Colombia y en menor medida Venezuela, Argentina, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Paraguay, Chile, Perú y El Salvador. En Europa, además de Francia y Alemania, habría sido super vigilada también, al menos, Gran Bretaña.

Además de Irán o Pakistán, por supuesto, falta conocer el alcance del espionaje de la NSA en países como China, Rusia o el mismo Israel si es que el audaz Snowden —o Moscú— está dispuesto a revelar esa joya de la corona.