Daños colaterales

La "Revolución cubana" de Rafael Rojas: las claves de una época

El libro de la semana

 

Ahora que Cuba “está de moda”, como llegó a decir recientemente Raúl Castro a propósito de todo lo que ha generado el acercamiento entre EU y la isla comunista, el libro del historiador cubano Rafael Rojas (1965), La Revolución cubana (El Colegio de México, 2015, pp. 201) es más que oportuno; en especial porque, como afirma el autor, se concentra en repasar en sentido crítico las “líneas maestras” del cambio económico, político, social y cultural que vivió Cuba desde el derrocamiento por Fidel Castro de la dictadura de Fulgencio Batista, en enero de 1959, hasta la instalación de la Asamblea Nacional (Congreso) y la Constitución de 1976, cuando queda conformado el nuevo orden social y un nuevo sistema político vigentes hasta hoy, a pesar de algunos giros ideológicos y políticos en las décadas siguientes.

Su libro no es, aclara Rojas —licenciado en filosofía por la Universidad de La Habana y doctor en historia por el Colmex— uno donde el lector halle “desarrollos plenos de sucesos, personajes, conflictos y situaciones emblemáticas” de un fenómeno ciertamente complejo y cambiante, que a partir de 1959 modificó la historia de América Latina y también de su relación con EU.

Es, dice, “un historia mínima”, en el sentido que dio a estos términos el historiador mexicano Daniel Cosío Villegas y que, en el caso que nos ocupa, se concentra en el periodo que va de la destrucción del régimen de Batista a la construcción de la nueva sociedad.

Según Rojas, aun con las reformas aplicadas desde 2011 por el presidente Raúl Castro, que modifican sensiblemente algunas premisas de la política económica y retoman o profundizan otras de los años 1980-1990, “el sistema  político y el funcionamiento de la economía, la sociedad y la cultura cubanas se han mantenido  dentro de orden institucional codificado en 1976”.

Entendemos que el libro de Rojas fue sorprendido poco antes de entrar a imprenta por el anuncio del deshielo con EU, lo que explica que el autor solo aborde el hecho en los párrafos finales, donde dice con toda justeza que dicha normalización es “un hito en la historia hemisférica, que afianza la integración de la isla al sistema interamericano y facilita el reingreso de Cuba a foros interamericanos y, eventualmente, a la OEA, dando término a un vestigio geopolítico de la Guerra Fría”.

Pero de alguna manera el cambio en Cuba está anticipado en el libro desde el retiro de Fidel Castro del poder, en 2006, por una grave enfermedad intestinal, y su reemplazo por Raúl; lo que dio inicio, dice Rojas, al periodo de mayores ajustes del orden socialista desde 1976 con la recomposición primero, de 2008 a 2013, de las élites del poder, “deshaciéndose de importantes políticos de los años 1990 y 2000” y luego con la reforma económica, llamada “actualización del socialismo”, plasmada en los Lineamientos al IV Congreso del PC cubano.

A tenor de volver sobre el libro que sin duda anima al debate –por ejemplo, de si la revolución cubana continúa o ya concluyó, como entendemos es la premisa del autor–, Rojas destaca la “remoción del orden socialista” con las reformas de 2011, las cuales, dice, reconocen “la evidente transformación que ha vivido la sociedad cubana entre fines del siglo XX y principios del XXI”. Una sociedad, en efecto, “cada vez más heterogénea y globalizada (que) demandaba un cambio, que el gobierno de Raúl Castro ha echado a andar, aunque dejando fuera del mismo el régimen político de partido único, la ideología de Estado y el control gubernamental de la sociedad civil y la esfera pública”.