Daños colaterales

Racismo en EU y la "Antología universal del discurso político"

El libro de la semana

Como si estuviéramos reviviendo las imágenes de las protestas que sacudieron a Estados Unidos en los años 1960, cuando el pastor y teólogo bautista Martin Luther King encabezó una campaña nacional en apoyo a los estudiantes negros de Birmingham, Alabama, las nuevas tensiones con fondo racial –pero también económico y social– en varios estados de la Unión Americana, vuelven a poner el foco en "el problema de raza y justicia" en el país, como afirmó la precandidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, en su discurso en la Universidad de Columbia el 29 de abril.

"Tenemos que hacernos cargo de algunas duras verdades sobre raza y justicia en Estados Unidos, (...) debemos encontrar nuestro equilibrio", dijo Clinton, ya que "de Ferguson a Staten Island y Baltimore, los patrones se han vuelto inconfundibles e indiscutibles" en alusión a la muerte de jóvenes negros desarmados, abatidos por agentes en condiciones dudosas, que resultan en la criminalización de la "víctima", con el telón de fondo de un sistema de justicia que "está fuera de balance".

Por ello, Clinton pidió "buscar un equilibrio como nación" mediante diversas medidas, entre ellas una reforma al sistema judicial ante lo que, en palabras del pastor bautista Jesse Jackson al hablar en el funeral de Freddie Gray, en Baltimore, "se ha vuelto una epidemia" de actos de brutalidad policiaca, desde que en agosto de 2014 un policía blanco vació su pistola en Ferguson, Misuri, contra el joven negro Michael Brown, igualmente desarmado, como Gray.

Según The Baltimore Sun, desde enero de 2011 a la fecha más de un centenar de personas ganaron juicios o acuerdos ligados a denuncias de violaciones a los derechos humanos y brutalidad policial en Baltimore, habiendo tenido que desembolsar la ciudad casi 6 millones de dólares en acuerdos y otra cifra igual en costos legales.

La revista Time destinó esta semana su foto de portada a evocar el clima que se vivía en EU en la época de Martin Luther King, cuyos discursos "Tengo un sueño" y "Carta a los clérigos de Alabama" (1963), esta última mientras estaba confinado en la cárcel de Birminghan, vuelven a cobrar renovada vigencia –como seguramente la seguirán teniendo a todo lo largo del siglo XXI.

Ambas cartas de 1963 –accesibles en la web– están compendiadas en el primero de los dos tomos de la Antología universal del discurso político. Los discursos que marcaron la historia de México y el mundo, compilados por Liébano Sáenz (Sanborn Hermanos, 2001, pp. 1,341), el cual incluye en su capítulo III, "Por los derechos del hombre" –Razas, Los indios, Las mujeres, Prerrogativas civiles–, además de los ya citados del asesinado Martin Luther King, otras cinco piezas no menos valiosas sobre la larga y dramática batalla que ha supuesto la lucha por la libertad y la igualdad en EU, en este caso de la población negra, descendiente de una herencia de esclavitud.

Los discursos incluyen el de William Pitt Jr., que con 24 años se convirtió en el primer ministro más joven en la historia de Gran Bretaña, y quien el 2 de abril de 1792, ante la Cámara de los Comunes, se pronunció "Contra la trata de negros", que, dijo, "lo reclama la humanidad entera con perfecta e impresionante unanimidad".

Seis décadas después, el 28 de agosto de 1963, Martin Luther King, expuso su ideario político en el monumento a Abraham Lincoln, en Washington, durante la Marcha por el Trabajo y la Libertad ante un cuarto de millón de personas y en su discurso conocido como "Tengo un sueño" recordó que, pese a los avances en materia racial desde la Proclama de la Emancipación, un siglo atrás, "el negro no es libre todavía"; tema que retomará en su ya citada "Carta a los clérigos de Alabama", donde detalla las brutalidades policiales contra los negros inermes, como parte del "malvado sistema de segregación".

El 16 de febrero de 1965, cinco días antes de ser asesinado, el líder del activismo civil radical Malcom X (Malcom Little) pronuncia un discurso en Rochester, N.Y., "Puedes odiar las raíces del árbol y no odiar el árbol", en el cual razona por qué la vía pacífica no tiene lenta contra "la incapacidad, la absoluta falta de voluntad del gobierno federal de proteger la vida y propiedad de los negros".

En la página 253, el compilador incluye el discurso que Robert F. Kennedy pronunció el 4 de abril de 1968 para anunciar el asesinato ese día del por entonces Premio Nobel de la Paz, Martin Luther King, en Memphis, Tennessee, por un francotirador; discurso en el cual el hermano del asesinado presidente John F. Kennedy se pregunta "qué clase de nación somos y en qué dirección nos queremos embarcar" y donde anticipa que "tendremos tiempos difíciles (...). Esto no es el fin de la violencia; no es el fin de la anarquía. Y esto no es el fin del desorden".

El último texto sobre el tema (pág. 285) se refiere a lo expresado por el entonces candidato demócrata a la presidencia de EU, Barack Obama, el 18 de marzo de 2008, en su respuesta al pastor de su iglesia, Jeremiah Wright Jr. Su pieza "Una unión más perfecta" es considerada como uno de los discursos más sobresalientes sobre el racismo en EU, en el cual el actual mandatario reivindica su condición de "hijo de un hombre negro de Kenia y de una mujer blanca de Kansas" hace un recorrido sobre la historia de la injusticia racial en la Unión Americana a partir de un reconocimiento inicial: que el documento de la Declaración de Independencia de la ex colonia británica hecha ante el Congreso de Filadelfia "quedó inconcluso" ya que "fue manchado por el pecado original de esta nación: la esclavitud".

Ya entonces el problema "de la raza" era un tema de campaña de Obama, como claramente vuelve a serlo ahora, siete años después, en palabras de quien se postula para sucederlo en el poder en 2017, Hillary Clinton.